sábado, 31 de octubre de 2009
Suecia: Estado del malestar
La novela negra sueca lleva décadas desmontando la idílica imagen de aquel país, pero Stieg Larsson (Millennium) y la nueva hornada de escritores han acabado por quitar la venda de los ojos al gran público
Cosecha roja en el mar Báltico
Dashiell Hammett escribía como disparaban los matones de Personville. Frases como latigazos. Detectives duros como el mentón de Bogart. «Cosecha roja» (1929) fue un abono para la gran novela negra estadounidense. En el Báltico, los aficionados a esta literatura han encontrado otro filón, quizá insospechado. No es algo nuevo, aunque el huracán Larsson nos lo haga creer. A través de escritores como el matrimonio con el que empezó todo —Per Wahlöö y Maj Sjöwall, en los años 60/70— hemos descubierto que detrás de las rubias imposibles anidaba la soledad, el frío, la violencia, los policías viejos y cansados, el trauma del asesinato de Olof Palme, las relaciones personales gélidas como un amanecer del invierno.
Después de aquellas cuchilladas de Wahlöö y Sjöwall vinieron muchos otros. En Islandia, Arnaldur Indrioason, autor de la tristísima «La mujer de verde»; en Noruega, Jo Nesbo, del que se ha reeditado «Petirrojo» (RBA Serie Negra), y en Suecia, donde se publican decenas de novelas negras al año, Henning Mankell (Estocolmo, 1948), uno de los grandes en Europa, creador de un personaje que vale una vida, Kurt Wallander, bebedor, separado y padre de una hija que terminará por ser policía, aficionado a la ópera, diabético y huraño. Mankell le ha dado punto final en «El hombre inquieto», la undécima novela de la serie, recién publicada, y saber que no habrá más ha dejado a sus aficionados huérfanos, con algo de esa tristeza indomable que alimenta su última investigación. Mankell, eso sí, seguirá escribiendo, quizá novelas más globales, como «El chino» (2008), o dirigiendo el Teatro Nacional de Mozambique, en Maputo, donde el sol disuelve las brumas de su perturbadora Escania.
MIGUEL ÁNGEL BARROSO Publicado Domingo , 01-11-09 a las 02 : 48
El país de Pippi Långstrump es también el de Lisbeth Salander. El país de la niña pecosa y pelirroja, con coletas que desafían la ley de la gravedad y medias por encima de las rodillas, es también el de la hacker asocial de pasado tormentoso que tiene que luchar con asesinos en serie y mafiosos de los tiempos del telón de acero. Una niña feliz frente a una víctima de la violencia machista. Fantasía frente a maldad. Un mundo multicolor frente a un mundo negro como un pozo de café.
Suecia, en definitiva
Hay quien dice que Lisbeth es el alter ego de Pippi. La niña creció y se dio de bruces con una realidad cruel. El lado oscuro de esa supuesta sociedad idílica ha pillado a la Vieja Europa ensimismada, su estado natural desde la caída del muro de Berlín. No es de extrañar, por tanto, la sacudida que ha supuesto Stieg Larsson y su afamada trilogía «Millennium» que, en opinión de Mario Vargas Llosa, presenta Suecia como «una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones como el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas».
Los suecos que odian a las mujeres
«En mi país los medios de comunicación no suelen entrar en el fondo del asunto. Pero los escritores de novela negra, sí», comenta Eva Gabrielsson, viuda de Larsson (a estas alturas todos sus fans saben que murió de un infarto antes de ver publicada su obra), que estuvo de visita en España hace unos días para participar en Getafe Negro, el festival de novela policíaca de Madrid. «Durante treinta años Stieg y yo hablamos mucho sobre las conexiones entre la ultraderecha y el poder político y financiero. Escribió diversos reportajes y, finalmente, utilizó la ficción como instrumento de denuncia».
La igualdad de género es una piedra angular de la sociedad sueca. Al menos sobre el papel. Pero las estadísticas desmienten el tópico. Casi la mitad de las mujeres ha sufrido violencia por parte de algún hombre, y el 13 por ciento ha sido víctima de violencia sexual extrema. Son pocas las que refieren estos hechos a la policía, tal vez porque la legislación en la materia hace imposible retirar una denuncia, aunque la tendencia va cambiando poco a poco. En 2008, se registraron 28.000 casos de violencia masculina contra las mujeres. «Mucha gente está equivocada en su percepción de Suecia», comenta Asa Larsson, autora de «Aurora Boreal». Pero, ¿qué tiene la realidad sueca para que sus conflictos sean tan «adictivos» para millones de lectores en todo el mundo? «Los seres humanos somos muy parecidos. Nuestras novelas hablan de lo que es importante en la vida: del amor, de la culpa... y también de cosas terribles». Asa Larsson (nada que ver con el superventas Stieg, aunque se cuenta que «Aurora Boreal» dejó una noche en vela al autor de «Millennium») participó junto a otros escritores suecos en una mesa redonda de Getafe Negro. Esta nueva hornada reconoce que el finado escritor de «Los hombres que no amaban a las mujeres» y sus secuelas les ha abierto muchas puertas. «Mi madre, que suele llamarme tres veces al día, desapareció de repente. Estaba en la cama con Stieg Larsson», bromea Asa. «Mi pareja también fue abducida por los libros. Hasta que dije basta: “¡Que tenéis otra Stieg Larsson delante de vosotros...!”».
La realidad supera la ficción
«Me sorprende esa visión foránea. Suecia siempre ha ocupado los primeros puestos en cuanto a índice de criminalidad en Europa. Los suecos saben que su país no es un paraíso, aunque siguen pensando que están por encima de los demás. Eso es peligroso, pues anula la autocrítica», señala Jens Lapidus, autor de «Dinero fácil», un relato brutal de los bajos fondos de Estocolmo. La trama surgió de su amplia experiencia como abogado penalista en un prestigioso despacho de la capital. «Me satisface resaltar los aspectos más críticos de la sociedad en la que vivo y poner el dedo en la llaga, pero la realidad supera de largo a la ficción. Conozco historias que, por increíbles, no se podrían escribir».
Para su colega Mari Jungstedt, autora de «Nadie lo ha visto», novela policíaca —la primera de una serie de siete— cuya acción transcurre en la idílica isla de Gotland (escenario de la serie televisiva de Pippi Calzaslargas, por cierto), «no hay novela sueca que no tenga presente los problemas de la sociedad. Al menos los escritores tenemos claro que hay que denunciar esos errores». El tema de la vulnerabilidad de la infancia es recurrente en su obra. La literatura como válvula de escape, ya que la propia Jungstedt fue víctima de acoso escolar, una experiencia que le marcó a fuego. «Pensé que si contaba lo que me había ocurrido podría ayudar a otras personas que hubieran padecido situaciones similares».
Esa fiebre negra... ¿sirve para despertar conciencias o sólo como entretenimiento? Los ávidos fans se identifican con la heroína Salander y su capacidad de ajusticiar a los malos, pero descuentan la parte fea de los libros, las sombras que quedan ocultas entre el hojaldre de sus páginas. «Las personas tienden a olvidar pronto los crímenes y la corrupción. Piensan que todo el mundo es así y que no se puede hacer nada al respecto», confiesa Asa Larsson. En opinión de Jens Lapidus, «incluso hay lectores que demuestran empatía con algunos criminales. Eso ocurre porque el que más y el que menos ha transgredido alguna vez en su vida».
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