domingo, 5 de mayo de 2013

lunes, 15 de abril de 2013

DESPUES DEL 14 A

DESPUES DEL 14 A Horas después de emitido el primer boletín del CNE, horas de la madrugada de un lunes 15 de nuestro Abril Rebelde, viendo y leyendo opiniones, estudiando las reacciones me atrevo a escribirles esto Camaradas. Esta elección a mi entender, puede tener tres posibles consecuencias para nosotros y nosotras los Revolucionarios: 1.- Consecuencias Sicológicas: buscar los chivos expiatorios o zamuros disfrazados de chavistas, empezar a quejarnos, a despotricar del alto gobierno o del Candidato Patrio, buscar en el otro u otra los culpables de los que se voltearon o dejaron de votar, aquí unos “vivos” están viviendo de la Revolución y otros “ilusos” dejando la vida por ella, en fin usted puede agregar aquí lo que se le ocurra o antoje. Estoy clara que este efecto va direccionado a: dividirnos, ponernos a pelear, bajarnos la autoestima, generarnos desconfianza entre unos y otras, se cumple el dicho: “divide y reinaras”. 2.- Consecuencias Morales: hacernos pensar que es una moda o simple superficialidad todo lo logrado por la Revolución Bolivariana, por nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez, que el pueblo de pie que somos todos no tenemos capacidad, disciplina y lealtad que nos vendemos al mejor postor, que las misiones son dadivas sociales y no deudas históricas convertidas en derecho para quienes más nos necesitan, porque el individualismo debe privar por encima de la voluntad y conciencia colectiva, que aquí se “incluye” “excluyendo”, que si el Candidato Patrio Maduro no es igual a Chávez, no sabe hablar o no me gusta su bigote…que no sabe gobernar, que no está Chávez y se acabó todo… y muchos otros pensamientos o expresiones, que han ido calando en el consciente e inconsciente individual y colectivo. Esto trae unos efectos: desmoralizarnos, hacernos creer que el mundo chavista es una ilusión de unos ingenuos, come flores, que solo sueñan, que han agarrado las instituciones y las han destrozado, que así no se gobierna un País con sueños porque los pobres no tenemos derechos a soñar…que la igualdad nunca se alcanzará porque es una utopía, en otras palabras cero nivel de conciencia política, que nos dá, la seguridad del porque, estamos y que tenemos en esta Revolución Bolivariana! Consecuencias Legales: Hemos ganado las elecciones y vendrán con todo respeto los “eruditos sesudos” a hacer los análisis de los resultados, yo que no me anoto en eso, tengo claridad que por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el CNE, logramos de manera cívica, pacifica, alegre y militante que a través de los votos sea electo el Camarada Nicolás Maduro, eso es LEGAL. Eso trae unos efectos: que tenemos oportunidad de reflexionar, revisar y rectificar como nos enseñó el Comandante Supremo Hugo Chávez Frías en los momentos difíciles, decirnos: “que implica mi compromiso y lealtad para aportar lo mejor de mi desde el espacio donde esté, que consolide esta construcción colectiva”. Camaradas todas y todos, estas elecciones demostró que hay 7.505.338 de Revolucionarios Chavistas que estamos Patria o Muerte con esta Revolución, que nuestra convicción llega hasta perder la vida por ella, y pienso que esa dentro de todo el panorama que se nos presenta es una GRAN BASE SOCIAL, que está dispuesta a seguir dando el todo por el todo, en esta Revolución, porque es su ALTO NIVEL DE CONCIENCIA, el que le moviliza a seguir construyendo Patria y Matria y este último hecho los hace LEGITIMO. Aquí nos hace falta multiplicar esos millones de Venezolanos y Venezolanas que tienen claridad política, y eso se hace, con el activismo y la militancia desde los espacios que estemos: comunitarios fortaleciendo los consejos comunales, institucionales: que nuestras instituciones no solo sean eficaces si no que presten un servicio público excelente, desde tu dimensión ciudadana: siendo modelo coherente con lo que predicamos que es nuestra DIGNIDAD, recuperada por esta Revolución con Leyes, instituciones, sistemas de protección, misiones y servicios. Esta Revolución nos ha dado tantas capacidades y bienestar colectivo, que enmarcadas en un proyecto, objetivos y personas de a pie que con esos saberes populares son la vanguardia de este proceso de transformación que aún nos falta profundizar, sin la necesidad de tener un alto cargo público. Tenemos con que seguir dando la batalla, romper los cercos y obstáculos, vencer las consecuencias psicológicas y morales, apoyados y apoyadas en nuestra legalidad, en primer lugar, y con la convicción plena y absoluta de que estamos en el verdadero camino emancipatorio liberador de nuestro Pueblo, de los otros los que nos votaron en contra: solo lo hicieron unidos por una emoción: “EL ODIO AL CHAVISMO” , y eso NO es un proyecto político, donde el “fin justifica los medios”, soy capaz de hacer lo que sea…con tal, de quitarnos del Poder! Camaradas todas y todos, seguiremos profundizando a partir de hoy, aportando nuestro grano de arena, todas como camaradas feministas y de los Frentes de Trabajadoras, Fortaleciendo y Organizando Mujeres en nuestras comunidades a nivel nacional, conformando el Feminismo Popular Chavista, que como un gran Ejercito de hormiguitas, sé, que continuaremos haciendo HISTORIA, CRECIENDO CON CONVICCION, desde la base, allí desde el cotidiano diario de nosotras y nosotros, por eso GRITAMOS: Presidente Electo Nicolás Maduro LEGAL Y LEGITIMO, cuente con nosotras de manera incondicional, aquí estamos como Mujeres Revolucionarias, en unidad, disciplina y coraje, dispuestas a seguir caminando por este largo camino Revolucionario, que aún nos falta por transitar, traemos en nuestro morral un arsenal de realidades y propuestas, nadie nos va a quitar esta Patria y Matria Feminista, en donde luchamos por tener realmente una Vida Libre de Violencias para todas las Mujeres! Te preguntó ahora: vas a seguir quejándote o “depre”, que piensas hacer tu? Las personas que quieran acompañarnos en este trabajo pueden hacerlo escribiendo al email: mhernandezroyett‏@gmail.com y por mi twitter: @Mariahdzroyett

viernes, 29 de marzo de 2013

Heroínas: Magdalena León T

Heroínas: Magdalena León T: Magdalena León T  es una economista ecuatoriana de la que nos interesa su discurso y aqui lo dejamos para su reflexión . Economía Soc...

domingo, 10 de febrero de 2013

Dolor por crimen de niña de cinco años

NORTE DE SANTANDERTras horas de desaparición, Eileen fue hallada en Cúcuta muerta y con signos de tortura. Portada del martes 22 de enero. Cortesía: La Opinión La capital de Norte de Santander despertó el lunes con la terrible noticia de que Eileen Yaritza Ortega, una niña de 5 años que estaba perdida desde la noche del domingo, apareció muerta en el patio de su casa con signos de tortura y de acceso carnal. El diario La Opinión de Cúcuta habló con José Maria Ortega, padre de la niña, quien relató lo sucedido entre lágrimas y dificultad para hablar. El domingo después de llegar de misa de 6 p. m., José María salió a la calle para enseñarle a un sobrino cómo conducir una motocicleta y dejó a la pequeña en una esquina. Ella se mostraba feliz esperando su turno para subirse a la moto. “Di como cuatro o cinco vueltas de esquina a esquina y entré a tomar agua. En ese momento, mi esposa me preguntó por la niña y nos dimos cuenta de que no estaba donde la dejé”, le dijo Ortega al diario cucuteño. A las 7:30 p. m. no había rastro de la niña y los padres, preocupados, emprendieron una intensa búsqueda con ayuda de los vecinos. Enviaron cadenas por BlackBerry e imprimieron 300 volantes que pegaron en las calles del barrio.Sin embargo, la noche acabó y no tuvieron éxito. Luego de las 5 de la mañana y después de nueve horas de desaparición, el cuerpo de la niña yacía en el patio de su casa. Ortega llevó a su hija hasta el hospital Santa Ana, pero la niña llegó muerta. La Policía de Cúcuta ya capturó a José Alberto Palacio, un hombre de 45 años al que la familia de la menor le tenía alquilada una habitación. Palacio pretendía huir de la ciudad con rumbo desconocido y todo indica que es el autor del crimen, pues en su cuarto se encontraron rastros de sangre. En su edición del martes, el diario La Opinión publicó su portada en blanco y negro como símbolo de protesta en contra del atroz crimen. Estefanía Colmenares, subdirectora del periódico le explicó a Semana.com el porqué de esta decisión. “Este fue un caso escabroso, se trataba de una niña inocente. Creemos que nuestra responsabilidad como medio de comunicación es mover a la gente, llamar su atención. No podemos quedarnos quietos ante un hecho de esta magnitud” dijo Colmenares. También anotó que esta es la segunda vez que el periódico publica su portada en blanco y negro. “La primera vez fue en 1993, cuando el ELN asesinó a mi abuelo, Eustorgio Colmenares, director de este mismo diario en esa época”. Según dijo la subdirectora, el hecho los conmovió tanto, que tomaron esta decisión y al menos sienten que su intención de llamar la atención de la sociedad frente a este tipo de hechos fue escuchada, ya que los ejemplares del martes se agotaron desde tempranas horas de la mañana. “No queremos que esto se siga repitiendo, y La Opinión seguirá levantando su voz en contra de estos hechos” concluyó. http://www.semana.com//nacion/articulo/dolor-crimen-nina-cinco-anos/330393-3
Seis mil hombres en la cárcel Por: FLORENCE THOMAS | 6:51 p.m. | 29 de Enero del 2013 Florence Thomas El dramático panorama de 6.000 niñas de menos de 14 años embarazadas cada año y 6.000 hombres abusadores o violadores nos pide con urgencia reflexión, investigación, matices, historias... Más de 6.000 menores de 14 años son mamás cada año en Colombia. Niñas de 11, 12, 13 y 14 años se vuelven madres todos los días en el país. Y seamos precisos al contar esta historia: un hombre mayor que se acuesta con una niña de 12 años, aun cuando ha existido algún consentimiento, está consumando un acto de violación. En efecto, el Código Penal, en su artículo 208, señala que sostener relaciones con menores de 14 años puede conllevar una pena de prisión de 12 a 20 años, porque todas ellas han sido víctimas de un execrable abuso sexual, muchas veces de un incesto y siempre de una disfrazada violación. Estos son los hechos y sin duda es positivo que los últimos sucesos mediáticos alrededor de la bebé secuestrada hayan permitido abrir este debate en el país. Sin embargo, al abordar esta cuestión, no deja de ser preocupante la cantidad de vacíos e interrogantes que existen: ¿quiénes son estos hombres de 20, 24, 27 o 50 años que se están acostando con estas niñas? ¿Sabemos algo de ellos? ¿Los medios de comunicación nos han contado sobre sus historias de vida? ¿Existen datos del Instituto de Bienestar Familiar o del Ministerio de la Protección Social? ¿Sabemos algo sobre la rabia que deben tener con ellos mismos, con el mundo, con su falta de padre, de país, de nación, de identidad? ¿Qué tan culpable es la religión que satanizó y reprimió la sexualidad y que resume una triste historia de dominación y de poder que la cultura patriarcal ha construido para la desgracia de todas y todos? ¿Podemos comparar a un muchacho de 16 años que se acuesta con su noviecita de 13 y la embaraza con el hombre de 47 que abusa de una niña de 12? De la misma manera me pregunto ¿quiénes son estas niñas que juegan a ser mujeres antes de tiempo en un miserable simulacro de un acto de amor? Y a pesar de que las conocemos un poco más que a los hombres gracias a los trabajos de Profamilia y de otras ONG, encontrar un único perfil de ellas es aún un imposible. Muy a menudo, son niñas cuya infancia ha sido amputada, truncada por la pobreza, por falta de oportunidades, por violencias intrafamiliares; niñas envenenadas por mensajes que les repiten la importancia de ser deseables con el fin de que un hombre las ame y las salve; en fin, niñas que han sido maltratadas por la vida y que han encontrado en una promesa de amor la única manera de escapar a un oscuro destino, entendiendo además que solo la maternidad será capaz de otorgarles algún derecho y alguna autoridad en este país aún tan maternalista. Por supuesto, así no han podido aprender a amar como se debe en la tierra de los humanos. Volviendo a los hombres, y ante la falta de matices y de información sobre su historia y la evidencia de que no podemos comparar al adolescente de 16 años con el hombre de 47, me pregunto: ¿qué hacemos con estos 6.000 hombres abusadores? ¿A todos los mandamos a la cárcel o los castramos, como propone Salud Hernández en su última columna? Creo que a este propósito nos hace falta reflexionar, porque es evidente que este dramático panorama de 6.000 niñas de menos de 14 años embarazadas cada año y 6.000 hombres abusadores o violadores nos pide con urgencia reflexión, investigación, matices, historias, relatos y, por supuesto, un duro diagnóstico relativo a este país más feliz del mundo, que prefiere seguir sin saber; un país que enferma a su gente por falta de educación, por ceguera y doble moral ante una realidad compleja que exige una educación sexual sin tabúes y frentera. Como feminista, hubiera debido afirmar que la ley es para todos; pero hoy no pude. Es que es más complicado de lo que parece. * Coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florencethomas/seis-mil-hombres-en-la-carcel-florence-thomas-columnista-el-tiempo_12562695-4

Cifras del abuso sexual en la niñez

Cifras del abuso sexual en la niñez Por Eva Giberti Cuando escribo una nota en Página/12 es habitual que algún periodista me llame por teléfono para comentarla o que un conductor de televisión me convoque para hablar del tema, porque el periodismo diagnostica qué le interesa al público. Y a veces prefieren ampliar una información. Cuando durante el verano del año 2012 publiqué un artículo con el mismo argumento que ahora retomo con otros datos, el silencio fue absoluto. Ni llamados, ni comentarios. Me pareció significativo porque los detalles de los ataques a niños y a niñas son abrumadores: tal vez no sean las mejores lecturas durante las vacaciones. En esos meses, más allá de los temas que inevitablemente sacuden al ciudadano, tal vez sea preferible no enterarse de que en la ciudad de Buenos Aires han aumentado las denuncias por abuso sexual y violaciones contra niños y niñas. Alcanza con mirar las cifras y compararlas. La historia que produce estos datos comienza así: adultos que llegan a las comisarías acompañados por sus hijos o hijas para denunciar abusos y violaciones, o personas que nos llaman por teléfono al 137 porque sospechan que algo de ese orden sucede en una determinada casa del barrio. En otras oportunidades, cuando un equipo móvil del Programa Las Víctimas contra las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos ingresa en el domicilio de una víctima de violencia familiar, ella misma, durante el extenso diálogo nos cuenta qué es lo que sucede con sus hijos. Pero no quiere denunciar al compañero. En esas circunstancias nosotras solicitamos la intervención judicial como protección integral de la criatura en cumplimiento de la ley. Habitualmente estamos invitadas por las instituciones de las provincias para dictar cursos de sensibilización y entrenamiento; conversamos con los colegas y leemos los periódicos de la región; los titulares referidos al abuso y a las violaciones de niños y niñas siempre se subrayan, si se ha desatado un escándalo. De lo contrario, se silencia la proporción de víctimas que paulatinamente descubrimos. Los informes que llegan desde otros países coinciden con significativa exactitud: la victimización sexual de niños y niñas es un dato de aparición permanente. Del asombro y la indignación que conduce a preguntar: “¿No se puede hacer algo?”, nos deslizamos hacia una naturalización conformista de los hechos. La diferencia reside en quienes piensan que denunciar es lo correcto y lo beneficioso para las víctimas. La denuncia es terapéutica si se acompaña con soportes psicológicos a cargo de personal entrenado. Si encontramos a dichos profesionales y el diagnóstico confirma los dichos de la víctima surge la intervención judicial. Inútil repetir lo sabido: la tendencia es no creerles a los niños y niñas. Si la Presidenta avanzó con la necesidad de democratizar la Justicia, este ejercicio, en lo mínimo que yo estoy profesionalmente autorizada a opinar, podría incluir a aquellos magistrados que defienden prejuicios, ignorancias y perversidades. Niños y niñas serán beneficiarios por el cambio de mentalidad de los jueces que no les creen o que calculan que lo sucedido no es grave, porque “los chicos se olvidan y no vamos a estropearle la vida al padre con una sentencia desfavorable...” Los datos que enuncio constituyen un segmento de lo que les sucede a las víctimas de estas cifras. Porque es preciso considerar que, con frecuencia, los chicos se sienten culpables por describir lo que padres y abuelos “les hacen”, es decir, sufren a posteriori de haber contado lo que sucedía. Comenzaron a padecer mientras eran victimizados y sobrellevaban el silencio obligados por las amenazas. Poner el acento en el delito, que es lo que implica la exposición de estas estadísticas, no puede visibilizar el martirio que las víctimas se producen a sí mismas mediante el sentimiento de culpa y la vergüenza. Las horas interminables de no entender a pesar de saber que “les están haciendo mal”, las noches revueltas en sus camas, titubeando, confundidos y percibiendo que son víctimas pero carentes de las palabras referenciales para describírselo a sí mismos. Una criatura de seis años no se explica los hechos con la misma lógica de un adulto. Sus procesos cognitivos responden a otras lógicas y los miedos arrasan un psiquismo que inútilmente busca entender. O avanzan en la negación masiva de lo que les sucede y las imágenes de lo vivido se entierran en el cuerpo que se trastorna, se enferman “de la conducta”; y su casa, que debía ser un entorno asegurador, se convierte en una trampa silenciosa. Allí está el familiar incestuoso o el acosador. La criatura titubea hora tras hora antes de hablar. En oportunidades apenas pueden recordar. El daño que producen estos delitos no está descripto en el Código Penal; allí solamente se acumulan pruebas que los adultos se ocupan de tergiversar o esconder. Algunos magistrados prefieren opinar: “La madre llenó la cabeza de la niña con mentiras”, como si niños y niñas fueran títeres. Las víctimas a veces dibujan con claridad meridiana escenas suficientemente explícitas. Entonces surgen aquellos que contestan “me consta que hay falsas denuncias”, afirmación de jueces o profesionales. Los organismos internacionales que se desgañitan reclamando por estas víctimas viven distraídos y no se han dado cuenta de que están siendo trampeados por madres malevolentes para ganar la tenencia de los hijos en un divorcio. Ese daño no se limita a quienes conviven con las víctimas o están en sus cercanías. Es el daño simbólico que las organizaciones familiares y la comunidad comparten mediante la indiferencia, porque se han acostumbrado a estas prácticas que no son fenómenos específicamente argentinos. La estrategia exitosa del violador o abusador se desmorona cuando alguien se presenta en una comisaría o una fiscalía con la víctima, sin imaginar el padecimiento que continuará cuando el niño o la niña advierten que han “traicionado” a su papá o a su abuelo o a otro familiar o al vecino que cuidaba a la nena mientras la mamá trabajaba fuera de su casa. Y empieza a comprender que lo que le sucedió lo convierte en alguien distinto, por las preguntas que le hacen, por los comentarios de los familiares y los de la escuela. ¿Pueden superarse estas experiencias? A veces. No siempre. Este texto no se limita a mostrar detalles que evidencian cuáles son los abusos y violaciones, pone en superficie una dimensión que la violencia familiar ya había demostrado: la familia puede ser una zona peligrosa para aquellos cuya edad les impide prescindir de ella. Los que huyen eligen otro camino, no necesariamente el mejor. En esta publicación las estadísticas no están clasificadas por género. Si exceptuamos el ataque a la zona vaginal que denota a la niña, todas las otras prácticas se les dedican también a los niños; los ataques a las niñas tienen matices propios. Ambos son fusibles para satisfacer el abuso de poder y la sexualidad de los adultos. Estos números sólo son cifras que describen delitos sexuales contra víctimas de cero hasta los 18 años. En su mayoría se producen dentro de sus familias. Entonces ¿a quiénes tenemos que apelar para evitarles abusos y violaciones? http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-213607-2013-02-10.html

Una niña es una niña

9 Febrero 2013, 6:53 PM Escrito por: LILIAM FONDEuR (@lilliamfondeur) Al hospital llegó una niña de once años con cinco meses de embarazo, más que embarazada lucia indigesta, raquítica. En sus cuatro chequeos prenatales encontraron niveles tensionales altos, anemia severa y que el bebé no crecía como correspondía. Como era predecible, llegó a emergencia convulsionando, con eclampsia o frenesí. Luego de hacerle una cesárea, se presentó una complicación, no paraba de sangrar y fue llevada otra vez a quirófano. Lleva más de dos semanas en sala de cuidados intensivos con una infección en sangre. Con su pequeño cuerpo lavaba su sable el marido de su hermana. El hombre que viola a una niña de diez años es una bestia. El hacinamiento y el incesto forman parte de nuestra cotidianidad, esta cultura hay que cambiarla. Desde el punto de vista fisiológico, una niña de once años es una niña y una niña está en periodo de crecimiento y maduración de sus órganos sexuales, del sistema hormonal, no está lista para ser madre. Es inaceptable no haber recomendado interrumpir el embarazo a una niña de once años, las complicaciones se conocían y de hecho se produjeron. La medicina se basa en evidencias y proteger la salud es su función. La maternidad no es juego de niñas. Su evolución psicológica no le permite asumir la maternidad. ¿Cómo va a condicionar la vida de la niña el haber parido, el tener que cargar con el producto de una violación? Con suerte se convertirá en su hermano, que le recordará cada día al violador, o lo dará en adopción, una alternativa viable para los grupos conservadores. Estoy segura de que llegarán las dádivas de manos de las y los que tienen acceso a los recursos del Estado, y antes de que pasen dos años ya se olvidarán de ella y tendrá que arreglárselas como pueda. Crónica de una muerte anunciada. Los responsables de que la vida de esta niña esté en peligro son el cuñado que la violó y el Ministerio de Salud por negarle atención médica adecuada a una niña embarazada con un cuadro clásico de eclampsia, principal causa de mortalidad materna en el país. Alguien es culpable de que esta niña de once años no asista a la escuela o no esté jugando con niñas de su edad; quizás las condiciones de pobreza en que vive una gran parte de la población, la falta de educación sexual en escuelas, una herramienta para salvar vidas, y la cultura hipócrita que muchos manifiestan, entre ellos la iglesia, y nuestros legisladores que adecúan lo que deben legislar a los intereses del cielo y no de la tierra. http://www.elnacional.com.do/opiniones/2013/2/9/150429/Una-nina-es-una-nina

Marcha contra el feminicidio en Cochabamba

Marcha contra el feminicidio en Cochabamba

martes, 29 de enero de 2013

Fiscalía dictó 69.035 actos conclusivos en 2012 de casos de mujeres víctimas de violencia

Caracas, 29 Ene. AVN.- La Dirección para la Defensa de la Mujer del Ministerio Público registró 73.599 egresos de causas en 2012, de los que 69.035 fueron actos conclusivos, detalló este martes la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, al presentar el informe anual de su despacho ante la Asamblea Nacional (AN). "Somos solidarios con las causas de las mujeres víctimas de la violencia. Defendemos a las mujeres", enfatizó la fiscal, y apuntó que el año pasado también desarrollaron un protocolo para los diferentes organismos receptores de denuncias vinculadas con este delito. Por otro lado, recordó que en 2012 su despacho también activó un plan especial para atender a las mujeres afectadas por la colocación de implantes mamarios y otras cirugías estéticas, a fin de evitar que esto se convirtiera en un problema de salud pública. "Se practicaron allanamientos, detenciones e iniciaron investigaciones", indicó. Añadió que incautaron sustancias prohibidas y productos e implantes vencidos, usados, por lo cual están en proceso de investigación esos centros estéticos. Del mismo modo, coordinaron con el Ministerio para la Salud la adopción de medidas preventivas, mediante la regulación de la fabricación, importación y distribución de biopolímeros. "Hago un llamado a las colegas femeninas a estar alertas, pendientes. Es importante que los centros estén acreditados y sean profesionales conocedores de la materia", expresó Ortega. Por otro lado, la fiscal precisó que durante 2012, la Dirección de Protección Integral a la Familia, que trata casos vinculados con niños, niñas y adolescentes, reportó 120.721 egresos. Cuentan con una unidad técnica especializada para la atención integral a niños víctimas de violencia, que abarcó a 1.048 personas. Dijo que en coordinación con todos los órganos de justicia elaboraron un plan de trabajo para erradicar, prevenir y sancionar la trata de niños y adolescentes con fines de explotación laboral y sexual. Destacó, además, el combate a los delitos asociados a la publicación en Internet de imágenes de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes. Donación de órganos La fiscal detalló que en 2012, la Fiscalía propuso un protocolo de acción para asegurar la investigación penal, con ocasión de la aplicación de la Ley sobre Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos. Las observaciones del Ministerio Público apuntaban a la necesidad de ejercer controles internos en los servicios médicos en los casos de muertes violentas, a los efectos de evitar el uso de órganos susceptibles de trasplante pero que resulten necesarios para la investigación penal. De igual manera, informó que el año pasado los fiscales de la Dirección de Protección de los Derechos Fundamentales tuvieron 41.299 egresos, mientras que la Unidad de Defensa Integral del Ambiente procesó 8.824 causas, de las que 8.156 son actos conclusivos. En esta materia, resaltó la aplicación de medidas precautelativas para la protección de los parques nacionales Waraira Repano (Distrito Capital) y Henri Pittier (Aragua), entre otros. Además, se incautaron 2.468 especímenes de la fauna silvestre que fueron devueltos a su hábitat. AVN 29/01/2013 17:32 http://www.avn.info.ve/node/153619

domingo, 20 de enero de 2013

Violencia contra la mujer, un problema en América Latina

Violencia contra la mujer, un problema en América Latina

Siete becas de periodismo a las que puedes postular ahora | IJNet

Siete becas de periodismo a las que puedes postular ahora | IJNet

Femicidio, trata de personas y aborto, una agenda pendiente

Año 6. Edición número 244. Domingo 20 de enero de 2013 Por Diego Long. Sur en América latina sociedad@miradasalsur.com A pesar de los avances políticos en América latina, las estadísticas revelan que las mujeres, niñas y adolescentes de la región siguen en situación de vulnerabilidad. El año próximo se cumplirá el plazo que la célebre Conferencia de El Cairo de 1994 propuso como tope para que las naciones alcancen las metas asumidas. Sin embargo, Naciones Unidas ya decidió prorrogar esos tiempos para alcanzar los objetivos ante las deudas sociales aún vigentes. Las mujeres son el sexo débil. Las mujeres están todas locas. Las mujeres faltan mucho a sus empleos. Cuando trabajás con mujeres siempre hay conventillo. Las mujeres son histéricas. Las mujeres te miran primero el bolsillo. Las mujeres se regalan. Es obvio. Son cosas que todo el mundo sabe. Porque lo aprendió de algún tío, se lo sugirió la televisión o lo dedujo de las tapas de las revistas, porque lo escuchó decir en la banda de amigos (y amigas) o malinterpretó a un sacerdote. Se sabe. Como se saben otras verdades, con frases menos hechas, como que la mujer le pertenece al hombre, por ejemplo. No hace falta ser muy culto, basta con ser piola, para compartir los saberes de la comunidad. Instalados en una sociedad que no se reconoce ni retrógrada ni machista ni obedientemente religiosa, ni abusadora ni injusta ni decadente. Un colectivo que se reafirma por oposición y se pronuncia por segregación. Que no se construye a sí misma, sino que construye un otro. Y en la crueldad e indiferencia que le dedica pretende mostrar la intensidad de los principios y valores que lo constituyen como una persona de bien. Paradójicamente, esos saberes fueron (o son) certezas de una región en que las mujeres son asesinadas o violadas producto de una violencia de género que se multiplica. Son víctimas de la trata de personas con fines sexuales o laborales. Son víctimas del atropello a sus derechos sexuales y reproductivos. O padecen desigualdades laborales. Pero la cosa parece que empieza a cambiar en Latinoamérica, que ostenta el triste récord de albergar a once países entre los peores catorce del mundo. O, al menos, la guerra está declarada. Alejandra Verónica Yúdica estaba tirada en la cama, inmóvil y ensangrentada cuando, días atrás, los agentes de la policía mendocina y el personal de emergencias de la ambulancia entraron al dormitorio de la casa de Godoy Cruz en que esta vivía con su esposo, el suboficial Sebastián Miguel Montivero. Nadie le creyó a Montivero la versión de que, tras una discusión, se disponía a salir de la habitación, pero antes sacó una pistola 9 milímetros del armario con intenciones de llevársela, se le cayó al suelo y se disparó en forma accidental. Sobre todo, después de que en el hospital Central de la ciudad de Mendoza, donde Yudica falleció, le encontraron una herida de bala en la muñeca izquierda y otra en la cabeza. Claros rastros de que la mujer intentó defenderse. Y mucho menos después de que el peritaje balístico arrojó que el disparo fue hecho a menos de 30 centímetros de distancia ( Ver nota en breves). La novedad es que desde este martes rige una resolución aprobada el pasado 28 de diciembre, que restringe la portación de armas para agentes de la Policía Federal, la Prefectura, Gendarmería y Policía de Seguridad Aeroportuaria que tengan denuncias por violencia de género, en el marco de la Ley de Protección Integral de la Mujer. El domingo pasado otros dos casos ocurridos en territorio bonaerense conmovieron a la sociedad. En San Andrés de Giles, René Emilio Costurie (41) mató a Natalia Bola (34) a martillazos en la cabeza, en la casa en la que convivían a pesar de estar separados. Luego se ahorcó. Casi al mismo tiempo, en Olavarría, Luis Barbato hizo lo propio con un bate de béisbol contra su ex pareja, María Graciela Tirador. Las denuncias que la mujer había asentado quedaron como una prueba de la complejidad del flagelo. Desde el pasado mes de noviembre rigen las penas agravadas para los homicidas de mujeres que son o fueron sus parejas, con la tipificación del feminicidio en el Código Penal dispuesta por el Congreso de la Nación Argentina. Sin embargo, durante la primera mitad del presente mes de enero, un total de siete casos similares siguen manteniendo la estadística que afirma que en la Argentina se muere una mujer cada dos días a causa de la violencia de género. Situación regional. En Uruguay, a fin de año se vieron manifestaciones multitudinarias en rechazo de las más de 40 mujeres asesinadas durante 2012. Allí rige desde 2002 la ley de Violencia Doméstica (17.514) y desde el año pasado rige el programa “Uruguay unido para poner fin a la violencia de género contra las mujeres, las adolescentes y las niñas”, una iniciativa del Consejo Nacional Consultivo de Lucha contra la Violencia Doméstica (Cnclvd) y del Sistema Integral de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia (Sipiav) de Naciones Unidas. La Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual agrupa más de 35 organizaciones de la sociedad civil que trabajan en la temática. El país oriental se destacó el año pasado por pasar a integrar el selecto grupo de países donde las mujeres tienen derecho a abortar legalmente en todos los casos, junto a Cuba, Guyana, Puerto Rico y el Distrito Federal de México. En Argentina, ese derecho no entró dentro del paquete de medidas legislativas progresistas, pero la práctica está permitida en casos de violaciones o de peligro para la vida de la madre. De todos modos, los grupos conservadores de poder dificultan la práctica legal. Todavía resuena el caso de una víctima de trata, embarazada producto de una violación, que padeció el año pasado la indiscreción del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y la furia de los militantes católicos encabezados por el capellán del Hospital Ramos Mejías, Fernando Llambías. En el marco de un amparo que pedía eliminar el cargo de capellán como empleado público, la jueza porteña Elena Liberatori hizo lugar esta semana a una medida cautelar fijando a capellanes y religiosas que trabajan en hospitales públicos porteños la “prohibición expresa” de difundir datos sobre pacientes. Y dispuso que “únicamente” brinden ayuda espiritual a las personas que lo requieran. En Brasil ya han sido condenadas 100 mil personas desde que en 2006 se aprobó una severa legislación contra la violencia doméstica y el servicio telefónico para denunciar estos casos pasó de atender 43.423 llamados en 2006 a unos 734 mil en el 2010, totalizando en seis años más de 3 millones de llamadas, según Amnistía Internacional. Allí, cada 15 segundos una mujer es agredida por su pareja o ex pareja y cada dos horas una es asesinada, en la mayoría de los casos también por varones a las que las unía un vínculo amoroso. En agosto de 2007, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó el Pacto Nacional para el Enfrentamiento de la Violencia contra la Mujer, un compromiso federal entre los gobiernos nacional, estaduales y municipales para planificar y coordinar acciones que consoliden en todo el territorio las políticas impulsadas por el Ejecutivo. Hace dos semanas, la Justicia chilena retiró los cargos en su contra y dejó en libertad a Karina Sepúlveda, luego de 15 meses en prisión preventiva por el asesinato de su pareja, luego de haber padecido 18 años de violencia doméstica. Se convirtió así en la primera absuelta por la Ley de Femicidio que rige en el país trasandino desde 2010, con Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Colombia. El primer artículo de la norma chilena modificó al Código Penal de ese país en lo concerniente a “las circunstancias que eximen de responsabilidad criminal” a quien lo hizo “para evitar un mal grave para su persona o derecho o los de un tercero”. Lo que pudiera aplicarse también para los casos de abortos, que allí está penado en todos los casos. Récord que Chile comparte con Nicaragua, El Salvador y Malta. En el primer semestre de 2012 el número de femicidios aumentó allí un 30,7 por ciento, según un estudio de la ONG Activa y la Universidad Pedro de Valdivia. A principios del 2011 también se convirtió en ley un proyecto del 2005 que tipifica los delitos de tráfico ilícito de migrantes y trata de personas, fijando métodos de prevención y de persecución de los delincuentes. La ex presidenta de ese país, Michelle Bachelet, tuvo mucho que ver en los progresos que se suscitaron en ese sentido. Libró duras batallas durante su mandato para conseguir, por ejemplo, que Chile contemplara en su legislación el derecho al divorcio o aprobara el uso de la pastilla del día después para reducir el número de embarazos adolescentes. Tal vez por ello hoy es secretaria general Adjunta y Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres, organismo que en un informe reciente asevera que por lo menos una de cada tres mujeres y niñas ha sido agredida física o abusada sexualmente en su vida y que calcula que, entre un 45 y un 60 por ciento de los homicidios de mujeres suceden dentro de su propia casa y en su mayoría son cometidos por sus cónyuges. La Dirección de Prevención y Atención a Víctimas de Violencia de género de la Secretaría de la Mujer del Paraguay registró, de enero a julio del 2011, 342 denuncias de violencia física, 630 de violencia psicológica, 45 de violencia sexual y 411 de violencia económica. Organizaciones feministas y de derechos humanos afirman que el azote afecta al 53 por ciento de las paraguayas. Malas compañías. A la influencia de lo más conservador de la Iglesia Católica, al machismo retrógrado que persiste en Latinoamérica y a la naturalización social, mediática e institucional de la violencia de género, se suma otro de los factores determinantes en la composición de este drama, que es la ausencia de datos. En parte, debido al silencio y el ocultamiento por el lado de las propias víctimas y, en parte, como resultado de la baja inversión estatal. Según calculan desde el área de Género del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los gobiernos latinoamericanos destinan a la lucha contra violencia de género entre el 0,1 y el 1 por ciento de sus presupuestos. El aislamiento y el silencio de las víctimas en países con amplios sectores de población rural e indígena es mucho peor. Enfocado específicamente a las mujeres indígenas, afroamericanas y de zonas rurales de Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú se lleva a cabo el programa ComVoMujer, de la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ), que busca lograr un cambio de mentalidad para proteger efectivamente a las mujeres, tanto de la violencia de género como de prácticas discriminatorias basadas en prejuicios y estereotipos. Los nuevos aires en la región han conseguido que al menos 13 países crearan oficinas encargadas de atender cuestiones de género dentro de las fuerzas policiales con personal exclusivamente femenino, contribuyendo con su visibilidad. Cada día dos guatemaltecas mueren asesinadas. En 2010 sumaron 675. Ese mismo año 438 hondureñas, 130 peruanas, 79 dominicanas (en la primera mitad de 2012 totalizaron 80), 52 chilenas, 27 paraguayas y 20 uruguayas fueron víctimas de homicidios. El Salvador, uno de los 25 países del mundo con mayor tasa de femicidios, contabilizó en 2011 unas 647 víctimas, 87 de las cuales fueron niñas menores de 12 años. En 2010 había sumado 580. Los abortos mal practicados en Guatemala es la tercera causa de mortalidad materna. Allí se permite sólo en casos de protección para la vida de la madre. El Observatorio Manuela de Bolivia registró 157 casos de femicidio en 2011 y a mediados del 2012 ya se registraban 97 decesos. Sólo en Quito, Ecuador, se reportaron 1.831 entre 2000 y 2006. Las complicaciones en los embarazos son la primera causa de muerte entre las adolescentes bolivianas de entre 15 y 19 años. El 65,6 por ciento de las mujeres del Perú fueron víctimas de violencia psicológica mientras que el 38,9 sufrió violencia física o violación de parte de sus propias parejas, según reveló la Secretaría Adjunta para los Derechos de la Mujer de la Defensoría del Pueblo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que los nacimientos de madres adolescentes representan el 11 por ciento del total mundial. Además, existe un fuerte vínculo entre los embarazos en edad temprana y los abortos practicados en condiciones deficientes. Según datos de 2008, se practican anualmente en mujeres de entre 15 y 19 años de países en desarrollo alrededor de 3 millones de interrupciones del embarazo sin las condiciones médicas apropiadas. En México, sólo en Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, mataron a 764 mujeres entre 2008 y 2011. Y Colombia ocupa el primer lugar en femicidios en Sudamérica: en el 2011 se registraron 512 casos y sólo de enero a mayo del 2012 fueron 500. La trata en ambos países es un duro escollo, relacionadas con el narcotráfico y la lucha armada. El papelón judicial mundial por a absolución de los imputados en la causa por el secuestro de Marita Verón en Argentina al menos sirvió para acelerar las modificaciones legislativas a la Ley de Trata. En 1994 se realizó la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD), en El Cairo, Egipto, en donde 179 países consensuaron un Programa de Acción con compromisos concretos a cumplir en un plazo de 20 años. Se la considera un hito para el movimiento mundial por los derechos de las mujeres, sobre todo para los derechos reproductivos. El plazo se cumplía el año que viene, pero previendo que ninguna nación llegaría a cumplir con las metas establecidas fue extendido. De todos modos este debe ser un año clave. La salud sexual y reproductiva es definida como un completo bienestar físico, mental y social al que deben acceder todas las personas, especialmente las mujeres y jóvenes. Aboga por la disminución de la mortalidad materna e infantil y el acceso a la salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar y la información adecuada sobre cuestiones relacionadas con las familias, las migraciones, el sida y la violencia. En la reunión de Cairo+20 la Argentina de 1994 votó en contra de los derechos sexuales y reproductivos junto con países como Nicaragua, Libia, Sudán e Irán, además del Vaticano. Ésta es otra Argentina, otro país, donde ya se disipan estupideces como que las mujeres son el sexo débil, están todas locas o son todas putas. Estupideces que tienen su verdadero correlato en intereses encontrados con los derechos de toda la Argentina. Esperemos que sea así, aquí y en el resto de la Patria Grande. http://sur.infonews.com/notas/femicidio-trata-de-personas-y-aborto-una-agenda-pendiente

La liberación de la mujer: una exigencia del futuro

22 aniversario del asesinato de Thomas Sankara La liberación de la mujer: una exigencia del futuro Thomas Sankara Website Discurso de Thomas Sankara el 8 de marzo de 1987. Traducido por Juan Vivanco. No es corriente que un hombre se dirija a tantas mujeres a la vez. Tampoco lo es que un hombre sugiera a tantas mujeres a la vez las batallas que hay que lidiar. La primera timidez del hombre surge cuando se percata de que está mirando a una mujer. Comprenderéis, compañeras militantes, que a pesar de la alegría y el placer que siento al dirigirme a vosotras, sigo siendo un hombre que ve en cada una de vosotras a la madre, la hermana o la esposa. También me gustaría que nuestras hermanas aquí presentes, que han venido de Kadiogo y no entienden la lengua francesa extranjera en la que voy a pronunciar mi discurso, sean tan comprensivas como de costumbre, ellas que, como nuestras madres, aceptaron llevarnos durante nueve meses sin quejarse. (Intervención en lengua nacional mooré para asegurar a las mujeres que habrá una traducción para ellas.) Compañeras, la noche del 4 de agosto alumbró la obra más saludable para el pueblo burkinabé. Le dio a nuestro pueblo un nombre y a nuestro país un horizonte. Irradiados por la savia vivificante de la libertad, los hombres burkinabé, humillados y proscritos de ayer, fueron marcados con el signo de lo que más se aprecia en la vida: la dignidad y el honor. A partir de entonces la felicidad ha estado a nuestro alcance y todos los días marchamos hacia ella, exaltados por las luchas, pioneras de los grandes pasos que ya hemos dado. Pero la felicidad egoísta no es más que una ilusión, y tenemos a una gran ausente: la mujer. Ha quedado excluida de esta procesión feliz. Si unos hombres han llegado ya a la linde del gran jardín de la revolución, las mujeres todavía están confinadas en su oscuridad ninguneante, desde donde comentan animada o discretamente las vicisitudes que han agitado Burkina Faso y para ellas, de momento, sólo son clamores. Las promesas de la revolución ya son realidades para los hombres. En cambio para las mujeres no son más que rumores. A pesar de que la verdad y el futuro de nuestra revolución depende de ellas: asuntos vitales, asuntos esenciales, porque en nuestro país no podrá hacerse nada completo, decisivo y duradero mientras esta importante parte de nosotros mismos se mantenga en ese estado de sumisión impuesto durante siglos por distintos sistemas de explotación. Los hombres y las mujeres de Burkina Faso, a partir de ahora, deben cambiar profundamente la imagen que tienen de sí mismos en el seno de una sociedad que, además de determinar nuevas relaciones sociales, provoca una profunda transformación cultural al replantear las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres y obligarles a replantearse su propia naturaleza. Es una tarea temible pero necesaria, pues se trata de que nuestra revolución dé todo lo que pueda de sí, libere todas sus posibilidades y revele su auténtico significado en estas relaciones inmediatas, naturales, necesarias, entre el hombre y la mujer, que son las relaciones más naturales entre unos seres humanos y otros. Vemos hasta qué punto el comportamiento natural del hombre se ha vuelto humano y su naturaleza humana se ha vuelto su naturaleza. Este ser humano, vasto y complejo conglomerado de dolores y alegrías, de soledad en el abandono y, no obstante, cuna y creador de la inmensa humanidad, este ser de sufrimiento y humillación y, no obstante, fuente inagotable de felicidad para cada uno de nosotros; lugar incomparable de todos los afectos, acicate de los actos de valor más inesperados; este ser débil pero increíble fuerza inspiradora de los caminos que llevan al honor; este ser, verdad carnal y certeza espiritual, ¡este ser, mujeres, sois vosotras! Vosotras, arrulladoras y compañeras de nuestra vida, camaradas de nuestra lucha, y que por eso mismo, con toda justicia, debéis imponeros en pie de igualdad como comensales en los festines de las victorias revolucionarias. Es esta la mentalidad con que todos, hombres y mujeres, debemos definir y afianzar el papel y el lugar de la mujer en la sociedad. Se trata, pues, de devolverle al hombre su verdadera imagen haciendo que triunfe el reino de la libertad más allá de las diferencias naturales, gracias a la liquidación de todos los sistemas de hipocresía que consolidan la explotación cínica de la mujer. En otras palabras, plantear la cuestión de la mujer en la sociedad burkinabé de hoy es esforzarse por abolir el sistema de esclavitud en el que se la ha mantenido durante milenios. Es, de entrada, esforzarse por comprender el funcionamiento de este sistema, conocer su verdadera naturaleza y todas sus sutilezas, para desatar las fuerzas capaces de lograr la emancipación total de la mujer. Dicho de otro modo, para ganar una pelea que es común al hombre y la mujer, es preciso conocer todos los aspectos de la cuestión femenina, tanto a escala nacional como universal, y comprender en qué modo la lucha de la mujer burkinabé se suma hoy a la lucha universal de todas las mujeres, y más allá, a la lucha por la rehabilitación total de nuestro continente. La condición de la mujer es, por consiguiente, el meollo de toda la cuestión humana, aquí, allá, en todas partes. Tiene un carácter universal. La lucha de clases y la cuestión de la mujer El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. Es también el que define la sociedad humana no ya como un hecho natural inmutable, sino como algo antinatural. La humanidad no padece pasivamente el poder de la naturaleza. Sabe aprovecharlo. Este aprovechamiento no es una operación interior y subjetiva. Se efectúa objetivamente en la práctica, si se deja de considerar a la mujer como un simple organismo sexuado para tomar conciencia, más allá de los hechos biológicos, de su valor en la acción. Además, la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida exclusivamente por su sexualidad. Refleja una situación que depende de la estructura económica de la sociedad, resultado de la evolución técnica y de las relaciones entre clases a las que ha llegado la humanidad. La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. Por muy lejos que nos remontemos en la historia humana, el dominio del hombre sobre la naturaleza nunca se ha realizado directamente, con su cuerpo desnudo. La mano, con su pulgar prensil, ya se tiende hacia el instrumento que multiplica su poder. De modo que no son las condiciones físicas, la musculatura, el parto, por ejemplo, lo que consagró la desigualdad social entre el hombre y la mujer. Tampoco la confirmó la evolución técnica como tal. En algunos casos, y en algunos lugares, la mujer pudo anular la diferencia física que la separa del hombre. El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad. Una desigualdad creada por la mente y por nuestra inteligencia para hacer posible la dominación y la explotación concretadas, representadas y experimentadas por las funciones y las atribuciones a las que hemos relegado a la mujer. La maternidad, la obligación social de ajustarse a los cánones de lo que los hombres desean como elegancia, impiden que la mujer que lo desee se dote de una musculatura considerada masculina. Según los paleontólogos, durante milenios, del paleolítico a la Edad del Bronce, las relaciones entre los sexos se caracterizaron por una complementariedad positiva. Estas relaciones permanecieron durante ocho milenios bajo el signo de la colaboración y la interferencia, y no de la exclusión propia del patriarcado absoluto, más o menos generalizado en la época histórica. Engels tuvo en cuenta la evolución de las técnicas, pero también la esclavización histórica de la mujer, que nació con la propiedad privada, con el paso de un modo de producción a otro, de una organización social a otra. Con el intenso trabajo necesario para roturar los bosques, cultivar la tierra y sacar el máximo provecho a la naturaleza, se produce una especialización de tareas. El egoísmo, la pereza, la comodidad, el esfuerzo mínimo para obtener un beneficio máximo surgen de las profundidades del hombre y se erigen en principios. La ternura protectora de la mujer hacia su familia y su clan son una trampa que la somete al dominio del macho. La inocencia y la generosidad son víctimas del disimulo y los cálculos egoístas. Se hace burla del amor, se mancilla la dignidad. Todos los sentimientos verdaderos se convierten en mercancía. A partir de entonces el sentido de la hospitalidad y de compartir que tienen las mujeres sucumbe a la artimañas de los astutos. Aunque es consciente de las artimañas que están detrás del reparto desigual de tareas, ella, la mujer, sigue al hombre para cuidar de todo lo que ama. Él, el hombre, se aprovecha de esa entrega. Más adelante el germen de la explotación culpable establece unas reglas atroces que van más allá de las concesiones conscientes de la mujer, históricamente traicionada. Con la propiedad privada la humanidad instaura la esclavitud. El hombre amo de sus esclavos y de la tierra pasa a ser propietario también de la mujer. Esta es la gran derrota histórica del sexo femenino. Se explica por los cambios profundos creados por la división del trabajo, debido a los nuevos modos de producción y a una revolución en los medios de producción. Entonces el derecho paterno sustituye al derecho materno; la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no ya de la mujer a su clan. Es la aparición de la familia patriarcal, basada en la propiedad personal y única del padre, convertido en cabeza de familia. En esta familia la mujer está oprimida. El hombre, amo y señor, da rienda suelta a sus caprichos sexuales, se aparea con las esclavas o las hetairas. Las mujeres son su botín y sus conquistas de mercado. Se aprovecha de su fuerza de trabajo y disfruta de la diversidad del placer que le deparan. La mujer, por su parte, cuando los amos hacen que la reciprocidad sea posible, se venga con la infidelidad. Es así como el matrimonio conduce de forma natural al adulterio. Es la única defensa de la mujer contra su esclavitud doméstica. La opresión social es la expresión de la opresión económica. En este ciclo de violencia, la desigualdad sólo acabará con el advenimiento de una sociedad nueva, es decir, cuando los hombres y las mujeres disfruten de los mismos derechos sociales, producto de cambios profundos en los medios de producción y en las relaciones sociales. La suerte de la mujer sólo va a mejorar con la liquidación del sistema que la explota. En todas las épocas, allí donde el patriarcado triunfaba, hubo un estrecho paralelismo entre la explotación de clase y el sometimiento de las mujeres. Con algunos momentos de mejoría, cuando algunas mujeres, sacerdotisas o guerreras, lograron sacudirse el yugo opresor. Pero la tendencia principal, tanto en la práctica cotidiana como en el plano intelectual, sobrevivió y se consolidó. Destronada de la propiedad privada, expulsada de sí misma, relegada a la categoría de nodriza y criada, desestimada por filósofos como Aristóteles, Pitágoras y otros, y por las religiones más extendidas, desvalorizada por los mitos, la mujer compartía la suerte del esclavo, que en la sociedad esclavista no era más que una bestia de carga con rostro humano. No es de extrañar, entonces, que en su fase expansiva, el capitalismo, para el que los seres humanos son meras cifras, fuera el sistema económico que explotó a la mujer con más cinismo y refinamiento. Como esos fabricantes de la época que sólo empleaban a mujeres en sus telares mecánicos. Preferían a las mujeres casadas y entre ellas a las que tenían en casa varias bocas que alimentar, porque eran mucho más cuidadosas y dóciles que las solteras. Trabajaban hasta el agotamiento para dar a los suyos los medios de subsistencia indispensables. Es así como las cualidades propias de la mujer se adulteran en su detrimento, y todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se utilizan para esclavizarla. Su ternura, el amor a su familia, su la meticulosidad en el trabajo se utilizan contra ella, mientras que no se perdonan sus defectos. A través de los tiempos y los tipos de sociedades, la mujer siempre ha tenido una triste suerte: la desigualdad, siempre ratificada, frente al hombre. Las manifestaciones de esta desigualdad han podido ser muy diversas, pero siempre ha existido. En la sociedad esclavista, el hombre esclavo estaba considerado como un animal, un medio de producción de bienes y servicios. La mujer, cualquiera que fuera su rango, estaba oprimida dentro de su propia clase y fuera de ella, incluso las que pertenecían a las clases explotadoras. En la sociedad feudal, basándose en la supuesta debilidad física o psíquica de las mujeres, los hombres las sometieron a una dependencia absoluta del hombre. A la mujer la mantenían, con pocas excepciones, apartada de los lugares de culto, por considerarla impura o principal agente de indiscreción. En la sociedad capitalista, la mujer, que ya sufría una persecución en el orden moral y social, también está sometida económicamente. Mantenida por el hombre cuando no trabaja, sigue estándolo cuando se mata a trabajar. Nunca se insistirá bastante en la miseria de las mujeres, nunca se hará suficiente hincapié en su semejanza con la miseria de los proletarios. Sobre la especificidad del hecho femenino Porque la explotación asemeja a la mujer con el hombre. Pero esta semejanza en la explotación social de los hombres y las mujeres, que vincula la suerte de ambos en la Historia, no debe hacernos perder de vista el hecho específico de la condición femenina. La condición de la mujer rebasa las entidades económicas y confiere un carácter singular a la opresión que sufre. Esta singularidad impide establecer equivalencias que nos llevarían a simplificaciones fáciles e infantiles. En la explotación, la mujer y el obrero están reducidos al silencio. Pero en el sistema capitalista, la mujer del obrero debe guardar silencio ante su marido obrero. En otras palabras, a la explotación de clase que tienen ambos en común viene a sumarse, para las mujeres, una relación singular con el hombre, una relación de enfrentamiento y agresión que se escuda en las diferencias físicas para imponerse. Debemos admitir que la asimetría entre los sexos es lo que caracteriza a la sociedad humana, y que esta asimetría define una relación que nos impiden ver a la mujer, aun en el ámbito de la producción económica, como una simple trabajadora. Una relación preferente y peligrosa, merced a la cual la cuestión de la mujer siempre se plantea como un problema. El hombre, por tanto, se escuda en la complejidad de esta relación para sembrar la confusión entre las mujeres y sacar partido de todas las artimañas de la explotación de clase para mantener su dominio sobre las mujeres. De un modo similar, en otras ocasiones, unos hombres dominaron a otros porque consiguieron imponer la idea de que en virtud de la estirpe, la cuna, el «derecho divino», unos hombres eran superiores a otros. Es el dominio feudal. Del mismo modo, en otras ocasiones, otros hombres consiguieron someter pueblos enteros porque el origen y la explicación del color de su piel les dieron una justificación supuestamente «científica» para dominar a quienes tenían la desgracia de ser de otro color. Es el dominio colonial. Es el apartheid. No podemos pasar por alto esta situación de las mujeres, porque es la que lleva a las mejores de ellas a hablar de guerra de sexos, cuando se trata de una guerra de clanes y de clases en la que debemos pelear juntos y complementarnos. Pero hay que admitir que es la actitud de los hombres lo que propicia la alteración de los significados y con ello fomenta todos los excesos semánticos del feminismo, algunos de los cuales no han sido inútiles en el combate de hombres y mujeres contra la opresión. Un combate que podemos ganar, que vamos a ganar si recuperamos la complementariedad, si sabemos que somos necesarios y complementarios, si sabemos, en definitiva, que estamos condenados a la complementariedad. Por ahora, hemos de reconocer que el comportamiento masculino, tan cargado de vanidad, irresponsabilidad, arrogancia y violencia de todo tipo para con la mujer, es incompatible con una acción coordinada contra la opresión de esta. Y qué decir de esas actitudes que denotan estupidez, pues no son más que desahogos de machos oprimidos que, con el trato brutal a su mujer, pretenden recuperar por su cuenta una humanidad que el sistema de explotación les niega. La estupidez masculina se llama sexismo o machismo, formas de indigencia intelectual y moral, incluso de impotencia física más o menos declarada, que muchas veces hace que las mujeres políticamente conscientes consideren necesario luchar en dos frentes. Para luchar y vencer, las mujeres deben identificarse con las clases sociales oprimidas: los obreros, los campesinos… Un hombre, por oprimido que esté, siempre encuentra a alguien a quien oprimir: su mujer. Esa es la terrible realidad. Cuando hablamos del infame sistema del apartheid nuestro pensamiento y nuestra emoción se dirigen a los negros explotados y oprimidos. Pero nos olvidamos, lamentablemente, de la mujer negra que soporta a su hombre, ese hombre que, provisto de su passbook (salvoconducto), se permite unas correrías culpables antes de volver con la compañera que le espera dignamente, con su sufrimiento y su pobreza. Pensemos también en la mujer blanca de África del Sur, aristócrata, seguramente rodeada de bienes materiales, pero por desgracia máquina de placer de esos hombres blancos lúbricos que para olvidar sus fechorías contra los negros se entregan a un desenfreno desordenado y perverso de relaciones sexuales bestiales. Tampoco faltan ejemplos de hombres progresistas que viven alegremente en adulterio, pero serían capaces de matar a su mujer por una simple sospecha de infidelidad. ¡Entre nosotros abundan esta clase de hombres, que van a buscar un supuesto consuelo en brazos de prostitutas y cortesanas de todo tipo! Por no hablar de los maridos irresponsables, cuyos sueldos sirven para mantener queridas y engrosar sus deudas en el bar. Y qué decir de esos hombrecillos, también progresistas, que se congregan en un ambiente lascivo para hablar de mujeres de las que han abusado. Creen que así se miden con sus semejantes o que les humillan cuando andan detrás de las mujeres casadas. En realidad solo son unos jovenzuelos lamentables de los que no valdría la pena hablar si no fuera porque su comportamiento delincuente pone en cuestión la virtud y la moral de mujeres de gran valor que habrían sido sumamente útiles a nuestra revolución. Luego están todos esos militantes más o menos revolucionarios, mucho menos revolucionarios que más, que no permiten que sus mujeres militen o sólo se lo permiten de día, pero golpean a sus mujeres porque han salido a reuniones o manifestaciones nocturnas. ¡Ay de los desconfiados y celosos! ¡Qué pobreza de espíritu, qué compromiso tan limitado, tan condicionado! Porque vamos a ver: ¿una mujer despechada y decidida sólo puede engañar a su marido por la noche? ¿Y qué clase de compromiso es ese, que pretende que la militancia se suspenda al caer la noche y no recupere su valor y sus exigencias hasta que no sale el sol? ¿Y qué pensar, por último, de esas palabras sobre las mujeres oídas de labios de los militantes más revolucionarios? Palabras como «materialistas, aprovechadas, teatreras, mentirosas, chismosas, intrigantes, celosas, etc., etc…». Cosas que pueden ser verdad, ¡pero aplicadas a las mujeres y también a los hombres! ¿Qué puede esperarse de nuestra sociedad, si agobia metódicamente a las mujeres, las aparta de todo lo que se considera serio, determinante, de todo lo que esté por encima de las relaciones subalternas y mezquinas? Cuando alguien está condenado, como las mujeres, a esperar a su amo y marido para darle de comer, y recibir de él autorización para hablar y vivir, sólo le quedan, para entretenerse y crearse una ilusión de utilidad o importancia, los chismes, el cotilleo, las discusiones, las trifulcas, las miradas de soslayo y envidiosas seguidas de maledicencias sobre la coquetería de las otras y su vida privada. Los varones que están en las mismas condiciones adoptan las mismas actitudes. También decimos que las mujeres, ay, son negligentes. Por no decir cabezas de chorlito. Pero tengamos en cuenta que la mujer, agobiada o incluso atormentada por un esposo ligero, un marido infiel e irresponsable, un niño y sus problemas, abrumada por la administración de toda la familia, en estas condiciones tendrá una mirada extraviada, reflejo de la ausencia y la distracción de la mente. Para ella el olvido es un antídoto de la fatiga, una atenuación de los rigores de la existencia, una protección vital. Pero también hay hombres negligentes, y mucho; unos por el alcohol y los estupefacientes, otros por varias formas de perversidad a las que se entregan a lo largo de su vida. Pero nadie dice que estos hombres sean negligentes. ¡Cuánta vanidad, cuántas vulgaridades! Vulgaridades con que se complacen para justificar las imperfecciones del mundo masculino. Porque el mundo masculino, en una sociedad de explotación, necesita mujeres prostitutas. Estas mujeres, a las que se deshonra y sacrifica después de usarlas en el altar de la prosperidad de un sistema de mentiras y robos, son chivos expiatorios. La prostitución es la quintaesencia de una sociedad donde la explotación es la norma. Simboliza el desprecio del hombre hacia la mujer. Hacia una mujer que no es otra que la figura dolorosa de la madre, la hermana o la esposa de otros hombres, y por tanto de cada uno de nosotros. Es, en definitiva, el desprecio inconsciente hacia nosotros mismos. Sólo hay prostitutas donde hay «prostituyentes» y proxenetas. ¿Quiénes van con las prostitutas? Ante todo, los maridos que obligan a su mujer a ser casta y descargan en la prostituta su lascivia y sus instintos de violación. Así pueden tratar con respeto aparente a sus esposas y dar rienda suelta a su verdadera naturaleza cuando están con la chica llamada de vida alegre. Así, en el plano moral, la prostitución es simétrica del matrimonio. Los ritos, las costumbres, las religiones y las morales se adaptan a ella. Ya lo decían los padres de la Iglesia: «Para mantener la salubridad de los palacios hacen falta cloacas». Luego están los clientes impenitentes e intemperantes que tienen miedo de asumir la responsabilidad de un hogar con todos sus problemas y huyen de las cargas morales y materiales de la paternidad. Entonces explotan la dirección discreta de una casa de tolerancia como el precioso filón de una relación sin consecuencias. También está la cohorte de quienes censuran a las mujeres, al menos públicamente y en los lugares decentes. Ya sea por un despecho que no tienen el valor de confesar y les ha hecho perder la confianza en todas las mujeres y considerarlas un instrumentum diabolicum, ya sea por hipocresía, por haber proclamado de forma repetida y tajante un desprecio por el sexo femenino que procuran asumir ante una sociedad de la que han adoptado el respeto a la falsa virtud. Todos ellos frecuentan a escondidas los lupanares hasta que, a veces, se descubre su doblez. Luego está esa debilidad del hombre que consiste en la búsqueda de situaciones poliándricas. Lejos de nosotros hacer juicios de valor sobre la poliandria, una forma de relación entre el hombre y la mujer que han preferido algunas civilizaciones. Pero en los casos que denunciamos, estamos pensando en los gigolós codiciosos y holgazanes mantenidos generosamente por señoras ricas. En este mismo sistema, la prostitución, en el aspecto económico, puede igualar a la prostituta con la mujer casada «materialista». Entre la que vende su cuerpo prostituyéndolo y la que se vende en el matrimonio, la única diferencia consiste en el precio y la duración del contrato. Al tolerar la existencia de la prostitución, rebajamos a todas nuestras mujeres al mismo rango: prostitutas o casadas. La única diferencia es que la mujer legítima, aunque está oprimida, disfruta como esposa de la honorabilidad que confiere el matrimonio. En cuanto a la prostituta, sólo le queda la valoración monetaria de su cuerpo, una valoración que fluctúa con los valores de las bolsas falocráticas. ¿Acaso no es un artículo que se valoriza o desvaloriza según el grado de marchitamiento de sus encantos? ¿No se rige por la ley de la oferta y la demanda? La prostitución es un compendio trágico y doloroso de todas las formas de esclavitud femenina. Por lo tanto, en cada prostituta debemos ver una mirada acusadora dirigida a toda la sociedad. Cada proxeneta, cada cliente de prostituta escarba en la herida purulenta y abierta que afea el mundo de los hombres y lo lleva a la perdición. Si combatimos la prostitución, si tendemos una mano amiga a la prostituta, salvamos a nuestras madres, hermanas y mujeres de esta lepra social. Nos salvamos a nosotros mismos. Salvamos al mundo. La condición de la mujer en Burkina Si a juicio de la sociedad un niño que nace es un «don de Dios», el nacimiento de una niña se recibe, si no como una fatalidad, en el mejor de los casos como un regalo que servirá para producir alimentos y reproducir el género humano. Al hombrecito se le enseña a querer y conseguir, a decir y ser servido, a desear y tomar, a decidir y mandar. A la futura mujer, la sociedad, como un solo hombre y nunca mejor dicho, le impone, le inculca unas normas inapelables. Unos corsés psíquicos llamados virtudes crean en ella un espíritu de enajenación personal, desarrollan en esa niña el afán de protección y la predisposición a las alianzas tutelares y a los tratos matrimoniales. ¡Qué fraude mental tan monstruoso! Así, niña sin infancia, desde los tres años de edad tendrá que responder a su razón de ser: servir, ser útil. Mientras su hermano de cuatro, cinco o seis años juega hasta el cansancio o el aburrimiento, ella se incorpora, sin contemplaciones, al proceso de producción. Ya tiene un oficio: ayudante doméstica. Una ocupación, por supuesto, sin remuneración, pues ¿acaso no se dice que la mujer, en su casa, «no hace nada»? ¿No se escribe «labores domésticas» en sus documentos de identidad para indicar que no tienen empleo? ¿Que «no trabajan»? Con la ayuda de los ritos y las obligaciones de sumisión, nuestras hermanas van creciendo, cada vez más dependientes, cada vez más dominadas, cada vez más explotadas y con menos tiempo libre. Mientras que el hombre joven encuentra en su camino las ocasiones para desarrollarse y forjar su personalidad, la camisa de fuerza social aprieta aún más a la muchacha en cada etapa de su vida. Por haber nacido niña pagará un fuerte tributo durante toda su vida, hasta que el peso del trabajo y los efectos del abandono físico y mental la lleven al día del Gran Descanso. Factor de producción al lado de su madre, más patrona que mamá, nunca la veremos sentada sin hacer nada, nunca libre, olvidada con sus juguetes, como él, su hermano. Adondequiera que miremos, de la Meseta Central al Nordeste, donde predominan las sociedades con un poder muy centralizado, al Oeste, donde viven las comunidades aldeanas con un poder sin centralizar, o al Suroeste, territorio de las colectividades llamadas segmentarias, la organización social tradicional tiene al menos una cosa en común: la subordinación de las mujeres. En este ámbito nuestros 8.000 pueblos, nuestras 600.000 concesiones y nuestro millón y pico de hogares tienen comportamientos idénticos o parecidos. En todas partes la condición de la cohesión social definida por los hombres es la sumisión de las mujeres y la subordinación de los segundones. Nuestra sociedad, todavía demasiado primitivamente agraria, patriarcal y polígama, explota a la mujer por su fuerza de trabajo y de consumo, y por su función de reproducción biológica. ¿Cómo experimenta la mujer esta curiosa identidad doble: la de ser el nudo vital que ata a todos los miembros de la familia, que garantiza con su presencia y sus desvelos la unidad fundamental, y la de estar marginada, relegada? Es una condición híbrida donde las haya, en la que el ostracismo impuesto sólo tiene parangón con el estoicismo de la mujer. Para vivir en armonía con la sociedad de los hombres, para someterse a la imposición de los hombres, la mujer encierra en una ataraxia degradante, negativa, entregándose por completo. Mujer fuente de vida, pero también mujer objeto. Madre pero criada servil. Mujer nodriza pero mujer excusa. Trabajadora en el campo y en casa, pero figura sin rostro y sin voz. Mujer bisagra, mujer confluencia, pero mujer encadenada, mujer sombra a la sombra del hombre. Pilar del bienestar familiar, es partera, lavandera, barrendera, cocinera, recadera, matrona, cultivadora, curandera, hortelana, molendera, vendedora, obrera. Es una fuerza de trabajo con herramienta en desuso, que acumula cientos de miles de horas con rendimientos desesperantes. En los cuatro frentes de combate contra la enfermedad, el hambre, la indigencia y la degeneración, nuestras hermanas soportan cada día la presión de unos cambios en los que no pueden influir. Cuando cada uno de nuestros 800.000 emigrantes varones se va, una mujer se carga con más trabajo. Los dos millones de burkinabés que viven fuera del territorio nacional han contribuido así a agravar el desequilibrio de la proporción de sexos, de modo que hoy en día las mujeres constituyen el 51,7% de la población total. De la población residente potencialmente activa, son el 52,1%. La mujer, demasiado ocupada para atender como es debido a sus hijos, demasiado agotada para pensar por sí misma, sigue trajinando: rueda de fortuna, rueda de fricción, rueda motriz, rueda de repuesto, noria. Las mujeres, nuestras mujeres y esposas, apaleadas y vejadas, pagan por haber dado la vida. Relegadas socialmente al tercer rango, después del hombre y el niño, pagan por mantener la vida. Aquí también se ha creado arbitrariamente un Tercer Mundo para dominar, para explotar. Dominada y transferida de una tutela protectora explotadora a una tutela dominadora y más explotadora aún, primera en la tarea y última en el descanso, al lado de la lumbre pero última en apagar su sed, autorizada a comer sólo cuando queda algo; y, detrás del hombre, sostén de la familia que carga sobre sus hombros, en sus manos y con su vientre a esta familia y a la sociedad, la mujer recibe en pago una ideología natalista opresiva, tabúes y prohibiciones alimentarias, más trabajo, malnutrición, embarazos peligrosos, despersonalización y muchos otros males, por lo que la mortalidad maternal es una de las taras más intolerables, más inconfesables, más vergonzosas de nuestra sociedad. Sobre este substrato alienante, la irrupción de unos seres rapaces llegados de lejos agrió aún más la soledad de las mujeres e hizo aún más precaria su condición. La euforia de la independencia olvidó a las mujeres en el lecho de las esperanzas rotas. Segregada en las deliberaciones, ausente de las decisiones, vulnerable y por tanto víctima previsible, siguió soportando a la familia y la sociedad. El capital y la burocracia se pusieron de acuerdo para mantener a la mujer sometida. El imperialismo hizo lo demás. Las mujeres, escolarizadas dos veces menos que los hombres, analfabetas en un 99%, con escasa formación profesional, discriminadas en el empleo, relegadas a funciones subalternas, las primeras en ser acosadas y despedidas, abrumadas por el peso de cien tradiciones y mil excusas, siguieron haciendo frente a los desafíos que se presentaban. Tenían que permanecer activas, a cualquier precio, por los hijos, por la familia y por la sociedad. A través de mil noches sin auroras. El capitalismo necesitaba algodón, karité y ajonjolí para sus industrias, y fue la mujer, fueron nuestras madres quienes, además de lo que ya estaban haciendo, tuvieron que hacerse cargo de la recolección. En las ciudades, donde se suponía que estaba la civilización emancipadora de la mujer, ella se vio obligada a decorar los salones de los burgueses, a vender su cuerpo para vivir o a servir de señuelo comercial en las producciones publicitarias. Sin duda las mujeres de la pequeña burguesía de las ciudades viven mejor que las mujeres de nuestros campos en el orden material. Pero ¿son más libres, más respetadas, están más emancipadas, tienen más responsabilidades? Más que una pregunta, se impone una afirmación. Sigue habiendo muchos problemas, ya sea en el empleo o en el acceso a la educación, en la consideración de la mujer en los textos legislativos o en la vida diaria. La mujer burkinabé sigue siendo la que llega detrás del hombre, y no a la vez que él. Los regímenes políticos neocoloniales que se han sucedido en Burkina Faso han abordado el asunto de la emancipación de la mujer con el planteamiento burgués, que no es más que ilusión de libertad y dignidad. La política de moda sobre la «condición femenina», o más bien el feminismo primario que reclama para la mujer el derecho a ser masculina, sólo tuvo repercusión en las escasas mujeres de la pequeña burguesía urbana. La creación del ministerio de la Condición Femenina, dirigido por una mujer, se proclamó como una victoria. Pero ¿existía una conciencia real de esa condición femenina? ¿Se tenía conciencia de que la condición femenina es la condición del 52% de la población burkinabé? ¿Se sabía que esta condición estaba determinada por estructuras sociales, políticas y económicas, y por las ideas retrógradas dominantes, y que por consiguiente la transformación de esta condición no era labor de un solo ministerio, aunque tuviera a una mujer al frente? Tan es así que las mujeres de Burkina, después de varios años de existencia de este ministerio, comprobaron que su condición no había cambiado en absoluto. Y no podía ser de otro modo, porque el planteamiento de la emancipación de las mujeres que había desembocado en la creación de ese ministerio-coartada no quería ver ni poner en evidencia las verdaderas causas de la dominación y la explotación de la mujer. No es de extrañar, entonces, que pese a la existencia de ese ministerio, la prostitución aumentara, el acceso de las mujeres a la educación y el empleo no mejorara, los derechos civiles y políticos de las mujeres siguieran en el limbo y las condiciones de vida de las mujeres, tanto en la ciudad como en el campo, no hubieran mejorado. ¡Mujer florero, mujer coartada política en el gobierno, mujer sirena clientelista en las elecciones, mujer robot en la cocina, mujer frustrada por la resignación y las inhibiciones impuestas a pesar de su apertura mental! Sea cual sea su sitio en el espectro del dolor, sea cual sea su forma urbana o rural de sufrir, ella sigue sufriendo. Pero bastó una noche para situar a la mujer en el centro del progreso familiar y de la solidaridad nacional. La aurora siguiente del 4 de agosto de 1983, portadora de libertad, alumbró el camino para que todos juntos, iguales, solidarios y complementarios, marcháramos codo con codo, en un solo pueblo. La revolución de agosto encontró a la mujer burkinabé en una situación de sumisión y explotación por una sociedad neocolonial muy influida por la ideología de las fuerzas retrógradas. Tenía que romper con la política reaccionaria, preconizada y aplicada hasta entonces también en el ámbito de la emancipación de la mujer, y definir claramente una política nueva, justa y revolucionaria. Nuestra revolución y la emancipación de la mujer El 2 de octubre de 1983 el Consejo Nacional de la Revolución expuso claramente en el Discurso de Orientación Política cuál era el eje principal del combate por la liberación de la mujer. Se comprometió a trabajar por la movilización, la organización y la unión de todas las fuerzas vivas de la nación y de la mujer en particular. El Discurso de Orientación Política precisaba, acerca de la mujer: «Se incorporará a todos los combates que entablemos contra los obstáculos de la sociedad neocolonial y por la construcción de una sociedad nueva. Se incorporará en todos los noveles de planificación, decisión y ejecución para la organización de la vida de toda la nación». Esta empresa grandiosa se propone construir una sociedad libre y próspera donde la mujer sea igual al hombre en todos los ámbitos. No puede haber una forma más clara de concebir y enunciar la cuestión de la mujer y la lucha emancipadora que nos espera. «La verdadera emancipación de la mujer es la que responsabiliza a la mujer, la incorpora a las actividades productivas, a las luchas del pueblo. La verdadera emancipación de la mujer es la que propicia la consideración y el respeto del hombre.» Esto indica claramente, compañeras militantes, que la lucha por la liberación de la mujer es ante todo vuestra lucha por el fortalecimiento de la revolución democrática y popular. Una revolución que os da la palabra y el poder de decir y obrar para la edificación de una sociedad de justicia e igualdad, donde la mujer y el hombre tengan los mismos derechos y deberes. La revolución democrática y popular ha creado las condiciones para este combate libertador. Os corresponde a vosotras obrar con responsabilidad para, por un lado, romper las cadenas y trabas que esclavizan a la mujer en sociedades atrasadas como la nuestra, y por otro, asumir la parte de responsabilidad que os corresponde en la política de edificación de la sociedad nueva, en beneficio de África y de toda la humanidad. En las primeras horas de la revolución democrática y popular ya lo decíamos: «la emancipación, como la libertad, no se concede, se conquista. Corresponde a las propias mujeres plantear sus demandas y movilizarse para hacerlas realidad». Nuestra revolución no sólo ha marcado una meta en la lucha por la emancipación de la mujer, sino que ha señalado el camino a seguir, los medios necesarios y los principales actores de este combate. Pronto hará cuatro años que trabajamos juntos, hombres y mujeres, para cosechar victorias y avanzar hacia el objetivo final. Debemos ser conscientes de las batallas reñidas, los éxitos alcanzados, los fracasos sufridos y las dificultades encontradas para preparar y dirigir los combates futuros. ¿Qué es lo que ha hecho la revolución democrática y popular por la emancipación de la mujer? ¿Cuáles son los logros y los obstáculos? Uno de los mayores aciertos de nuestra revolución en la lucha por la emancipación de la mujer ha sido, sin duda, la creación de la Unión de las Mujeres de Burkina (UFB por sus siglas en francés). La creación de esta organización es un gran acierto porque ha dado a las mujeres de nuestro país un marco y unos medios seguros para entablar el combate victoriosamente. La creación de la UFB es uan gran victoria, porque une a todas las mujeres militantes con objetivos concretos, justos, para el combate libertador dirigido por el Consejo Nacional de la Revolución. La UFB es la organización de las mujeres militantes y responsables, dispuestas a trabajar para transformar la realidad, a luchar para vencer, a caer y volver a levantarse cada vez para avanzar sin retroceder. Ha surgido una conciencia nueva entre las mujeres de Borkina, y todos debemos estar orgullosos de ello. Compañeras militantes, la Unión de las Mujeres de Burkina es vuestra organización de combate. Tendréis que afilarla bien para que sus tajos sean más cortantes y os deparen cada vez más victorias. Las iniciativas que el gobierno ha tenido desde hace algo más de tres años para lograr la emancipación de la mujer son sin duda insuficientes, pero han permitido cubrir una etapa del camino, y nuestro país puede presentarse hoy en la vanguardia del combate libertador de la mujer. Nuestras mujeres participan cada vez más en las tomas de decisión, en el ejercicio efectivo del poder popular. Las mujeres de Burkina están allí donde se construye el país, están en las obras: el Sourou (valle irrigado), la reforestación, la vacunación, las operaciones «Ciudades limpias», la batalla del tren, etc. Poco a poco, las mujeres de Burkina ocupan espacios y se imponen, haciendo retroceder las ideas falocráticas y retrógradas de los hombres. Y seguirán así hasta que la mujer de Burkina esté presente en todo el tejido social y profesional. Nuestra revolución, durante estos tres años y medio, ha trabajado por la eliminación progresiva de las prácticas que desvalorizan a la mujer, como la prostitución y otras lacras, como el vagabundeo y la delincuencia de las jóvenes, el matrimonio forzoso, la ablación y las condiciones de vida especialmente difíciles de la mujer. La revolución procura resolver en todas partes el problema del agua, instala molinos en los pueblos, mejora las viviendas, crea guarderías populares, vacuna a diario, promueve una alimentación sana, abundante y variada, y con ello contribuye a mejorar las condiciones de vida de la mujer burkinabé. Esta debe comprometerse más a aplicar las consignas antiimperialistas, a producir y consumir burkinabé, imponiéndose como un agente económico de primer orden, tanto productor como consumidor de productos locales. La revolución de agosto, sin duda, ha avanzado mucho por la senda de la emancipación de la mujer, pero lo hecho hasta ahora es insuficiente. Nos queda mucho por hacer. Para llevarlo a cabo debemos ser conscientes de las dificultades con que tropezamos. Los obstáculos y las dificultades son muchos. Ante todo el analfabetismo y el bajo nivel de conciencia política, agravados por la poderosa influencia de las fuerzas retrógradas en nuestras sociedades atrasadas. Debemos trabajar con perseverancia para superar estos dos obstáculos principales. Porque mientras las mujeres no tengan conciencia clara de la justeza de nuestra lucha política y de los medios necesarios, corremos el riesgo de tropezar e incluso de retroceder. Por eso la Unión de las Mujeres de Burkina tiene que cumplir plenamente su función. Las mujeres de la UFB tienen que trabajar para superar sus insuficiencias, para romper con las prácticas y el comportamiento que siempre se han considerado propios de mujeres y lamentablemente se sigue dando a diario en los comportamientos y los razonamientos de muchas mujeres. Son todas esas mezquindades como la envidia, el exhibicionismo, las críticas incesantes y gratuitas, negativas y sin fundamento, la difamación mutua, el subjetivismo a flor de piel, las rivalidades, etc. Una mujer revolucionaria debe vencer estos comportamientos, especialmente acentuados en la pequeña burguesía. Porque son perjudiciales para el trabajo en grupo, dado que el combate por la liberación de la mujer es un trabajo organizado que necesita la contribución del conjunto de las mujeres. Juntos debemos trabajar por incorporar a la mujer al trabajo. A un trabajo emancipador y liberador que garantice a la mujer su independencia económica, un peso social mayor y un conocimiento más justo y completo del mundo. Nuestra noción del poder económico de la mujer debe apartarse de la codicia vulgar y de la avidez materialista que convierten a algunas mujeres en bolsas de valores especuladoras, en cajas fuertes ambulantes. Son mujeres que pierden la dignidad, el control y los principios en cuanto oyen el tintineo de las joyas o el crujido de los billetes. Algunas de estas mujeres, lamentablemente, hacen que los hombres caigan en los excesos del endeudamiento o incluso de la corrupción. Estas mujeres son peligrosas arenas movedizas, fétidas, que apagan la llama revolucionaria de sus esposos o compañeros militantes. Se han dado tristes casos de ardores revolucionarios que se han apagado y el compromiso del marido se ha apartado de la causa del pueblo por tener una mujer egoísta y arisca, celosa y envidiosa. La educación y la emancipación económica mal entendidas y enfocadas pueden ser motivo de desdicha para las mujeres y por tanto para la sociedad. Solicitadas como amantes, son abandonadas cuando llegan las dificultades. La opinión común sobre ellas es implacable: la intelectual está «fuera de lugar», y la que es muy rica resulta sospechosa. Todas están condenadas a un celibato que no sería grave si no fuera la expresión misma de un ostracismo generalizado de toda una sociedad contra unas personas, víctimas inocentes porque desconocen por completo cuál es su delito y su defecto, frustradas porque día a día su afectividad se transforma en hipocondría. A muchas mujeres el saber sólo les ha dado desengaños, y la fortuna ha producido muchos infortunios. La solución de estas paradojas aparentes consiste en que las desdichadas cultas o ricas pongan al servicio de su pueblo su gran instrucción, sus grandes riquezas. Así se granjearán el aprecio y hasta la adulación de todas las personas a las que darán un poco de alegría. En estas condiciones ya no podrán sentirse solas. La plenitud sentimental se alcanza cuando se consigue que el amor a uno mismo y de uno mismo se convierta en el amor al otro y el amor de los otros. Nuestras mujeres no deben retroceder ante las luchas multiformes que les permitirán asumirse plenamente, con valentía, y experimentar así la felicidad de ser ellas mismas, y no la domesticación de ellas por ellos. Todavía hoy, para muchas de nuestras mujeres, la protección de un hombre es la mejor garantía contra el qué dirán opresor. Se casan sin amor y sin alegría de vivir con un patán, un insulso alejado de la vida y las luchas del pueblo. Es frecuente que las mujeres exijan una gran independencia y reclamen al mismo tiempo la protección, peor aún, estar bajo el protectorado colonial de un varón. Creen que no pueden vivir de otro modo. ¡No! Tenemos que decirles a nuestras hermanas que el matrimonio, si no aporta nada a la sociedad y no las hace felices, no es indispensable, e incluso se debe evitar. Al contrario, mostrémosles cada día el ejemplo de unas pioneras osadas e intrépidas que en su celibato, con o sin hijos, están de un humor excelente y prodigan riquezas y disponibilidad a los demás. Incluso despiertan la envidia de las casadas desdichadas, por las simpatías que se granjean, la felicidad que les depara su libertad, su dignidad y su disponibilidad. Las mujeres han dado sobradas muestras de capacidad para mantener s su familia, criar a los niños, en una palabra, ser responsables sin necesidad de estar sometidas a la tutela de un hombre. La sociedad ha evolucionado lo suficiente para que se acabe la marginación injusta de la mujer sin marido. Revolucionarios, debemos lograr que el matrimonio sea una opción enriquecedora, y no esa lotería de la que se sabe lo que se gasta al principio, pero no lo que se va a ganar. Los sentimientos son demasiado nobles para jugar con ellos. Otra dificultad, sin duda, es la actitud feudal, reaccionaria y pasiva de muchos hombres, que tienen un comportamiento retrógrado. No quieren que se cuestione el dominio absoluto sobre la mujer en el hogar o en la sociedad en general. En el combate por la edificación de la sociedad nueva, que es un combate revolucionario, estos hombres, con sus prácticas, se sitúan en el lado de la reacción y la contrarrevolución. Porque la revolución no puede tener éxito sin la emancipación verdadera de las mujeres. Por eso, compañeras militantes, tenemos que ser muy conscientes de todas estas dificultades para afrontar los combates futuros. La mujer, lo mismo que el hombre, tiene cualidades pero también defectos, lo que demuestra que la mujer es igual al hombre. Si destacamos deliberadamente las cualidades de la mujer, no es porque tengamos de ella una visión idealizada. Simplemente queremos poner de relieve sus cualidades y habilidades, que el hombre y la sociedad siempre han ocultado para justificar la explotación y el sometimiento de la mujer. ¿Cómo podemos organizarnos para acelerar la marcha hacia la emancipación? Nuestros medios son irrisorios, pero nuestra ambición es grande. Nuestra voluntad y nuestra firme convicción de avanzar no bastan para alcanzar la meta. Debemos sumar fuerzas, todas nuestras fuerzas, coordinarlas para que la lucha tenga éxito. Desde hace más de dos décadas se habla mucho de emancipación en nuestro país, hay mucho debate al respecto. Hoy se trata de abordar el asunto de la emancipación de forma global, evitando las irresponsabilidades que impidieron reunir todas las fuerzas en la lucha y quitaron importancia a esta cuestión crucial, y evitando también las huidas hacia delante que dejarían atrás a aquellos y sobre todo aquellas que deben estar en primera línea. (...) Por eso, compañeras, os necesitamos para una verdadera liberación de todos nosotros. Sé que siempre hallaréis la fuerza y el tiempo necesarios para ayudarnos a salvar nuestra sociedad. Compañeras, no habrá revolución social verdadera hasta que la mujer se libere. Que mis ojos no tengan que ver nunca una sociedad donde se mantiene en silencio a la mitad del pueblo. Oigo el estruendo de este silencio de las mujeres, presiento el fragor de su borrasca, siento la furia de su rebelión. Tengo esperanza en la irrupción fecunda de la revolución, a la que ellas aportarán la fuerza y la rigurosa justicia salidas de sus entrañas de oprimidas. Compañeras, adelante por la conquista del futuro. El futuro es revolucionario. El futuro pertenece a los que luchan. ¡Patria o muerte, venceremos! Fuente: http://www.thomassankara.net/spip.php?article40{=fr&artpage=1-3 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=92885

Femicidio, trata de personas y aborto, una agenda pendiente

A pesar de los avances políticos en América latina, las estadísticas revelan que las mujeres, niñas y adolescentes de la región siguen en situación de vulnerabilidad. Las mujeres son el sexo débil. Las mujeres están todas locas. Las mujeres faltan mucho a sus empleos. Cuando trabajás con mujeres siempre hay conventillo. Las mujeres son histéricas. Las mujeres te miran primero el bolsillo. Las mujeres se regalan. Es obvio. Son cosas que todo el mundo sabe. Porque lo aprendió de algún tío, se lo sugirió la televisión o lo dedujo de las tapas de las revistas, porque lo escuchó decir en la banda de amigos (y amigas) o malinterpretó a un sacerdote. Se sabe. Como se saben otras verdades, con frases menos hechas, como que la mujer le pertenece al hombre, por ejemplo. No hace falta ser muy culto, basta con ser piola, para compartir los saberes de la comunidad. Instalados en una sociedad que no se reconoce ni retrógrada ni machista ni obedientemente religiosa, ni abusadora ni injusta ni decadente. Un colectivo que se reafirma por oposición y se pronuncia por segregación. Que no se construye a sí misma, sino que construye un otro. Y en la crueldad e indiferencia que le dedica pretende mostrar la intensidad de los principios y valores que lo constituyen como una persona de bien. Leé la nota completa en el sitio de Miradas al Sur - Femicidio, trata de personas y aborto, una agenda pendiente http://www.infonews.com/2013/01/20/sociedad-57507-femicidio-trata-de-personas-y-aborto-una-agenda-pendiente-violencia-de-genero.php

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