sábado, 17 de noviembre de 2012

Rosi Orozco, reconocida activista a nivel mundial, desmenuza, advierte y condena el delito de la trata de personas. Claudia brinda su testimonio en pos de socorrer a quienes, como ella, han sido víctimas de este flagelo. “Se dice que la esclavitud ha desaparecido de la civilización..., y es un error. Existe todavía; solo que no pesa ya sino sobre la mujer, y se llama prostitución”. Víctor Hugo; Los miserables. Muy por encima del contrabando de armas, y apenas por debajo del narcotráfico, la trata de personas es el segundo delito más redituable en todo el mundo. El comercio ilegal de personas con propósitos de esclavitud sexual, laboral, reproductiva o de extracción de órganos, considerado un delito internacional de lesa humanidad y violatorio de los derechos humanos, es un crimen que genera unos 42 000 millones de dólares anuales y se estima que actualmente unos dos y medio millones de personas son víctimas de este flagelo. Según la definición de la Organización de las Naciones Unidas, la trata de personas consiste en utilizar, en provecho propio y de un modo abusivo, las cualidades de una persona. Para ello los tratantes recurren a la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas. Los medios para llevar a cabo estas acciones son la amenaza o el uso de la fuerza u otras formas de coacción, el rapto, fraude, engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad. Además se considera trata de personas la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra con fines de explotación. La explotación incluye, como mínimo, la prostitución u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas, la servidumbre o la extracción de órganos. Rosi Orozco es presidenta de la Comisión Especial de Lucha contra la Trata de Personas de México. Ha dedicado buena parte de su esfuerzo a trabajar intensamente a favor de los derechos humanos y de las víctimas de las redes de prostitución, trata y explotación sexual infantil, así como de la violencia familiar. Como diputada federal, en la LXI Legislatura logró grandes avances al colocar el tema de la trata de personas en la agenda legislativa y en los medios de comunicación. En entrevista con Newsweek en Español, Orozco sentencia que la trata de personas “es esclavitud en pleno siglo XXI, la peor que ha existido en toda la humanidad”. Y añade que el auge de este delito se debe, en parte, a la merma que ha sufrido el comercio de drogas tóxicas: “La explotación sexual, laboral, extracción de órganos, adopciones falsas, mendicidad forzada, matrimonios también forzados, han crecido a partir de que se combatió muy fuertemente al narcotráfico. Muchas de las personas que se dedican a este delito empezaron a ver una brecha en donde la venta de seres humanos es, desgraciadamente, más redituable. Por eso es tan importante hacer ver los avances y castigos a tratantes, como los aplicados en el Distrito Federal, donde la última sentencia fue de 617 años de cárcel a 12 personas que estaban explotando a menores de edad”. Ese enemigo llamado impunidad De acuerdo con la exdiputada federal del Partido Acción Nacional, varios son los escenarios que se conjugan para que este delito se cometa: “El principal es la impunidad absoluta en muchísimas localidades. En México, las pocas entidades federativas que han sentenciado a tratantes son, principalmente, el Distrito Federal, y después Chiapas, Puebla, el Estado de México, Baja California, Tlaxcala y Oaxaca. El resto no está combatiendo la trata de personas, aunque lo diga en discursos. Mientras no haya rescates de seres humanos, operativos y personas en la cárcel, podrá haber mucho discurso, pero sin hacer lo que se debería para rescatar vidas humanas de la esclavitud. “Y no lo están haciendo porque muchas de las autoridades están coludidas, no hay duda. No es aceptable, ni siquiera es razonable, que el ser humano tenga tan poco valor en esos estados”. Rosi Orozco explica que son tres las maneras en que se posibilita la trata de personas. Primero existen los tratantes que actúan solos, “como puede ser el tío que vende a su sobrina, o hemos atendido el caso de un padre que vendía a su propia hija, una niñita de 12 años”. Después están las organizaciones que actúan a nivel nacional e internacional, “como es el caso de la gente de Tlaxcala, en donde en varias poblaciones estas personas generan una cultura con sus hijos, sobrinos, vecinos, y capacitan a los padrotes [proxenetas], pequeños jóvenes, que después se convierten en mafiosos internacionales. Algunas de esas organizaciones llegan a Estados Unidos y algunas aun a Europa y Japón”. En este renglón es relevante el inciso Tlaxcala, pues uno de sus municipios, Tenancingo, es considerado la capital de la esclavitud sexual en México debido a que más del 10 por ciento de su población se dedica al reclutamiento, explotación sexual y venta de mujeres. “Pero en Tenancingo también hay gente tan buena que no se merece que no hagamos nada, que no se merece que sigamos viendo sus carnavales, sus fiestas, a donde asisten padrotes de todo el mundo y se reúnen ahí presumiendo lo que llaman ‘carne fresca’ o su ‘mercancía’, las presumen delante de todo el pueblo, y todo el pueblo sabe qué pasa en esos carnavales. Sin embargo, no estamos viendo una estrategia para acabar con la trata de personas. “Si verdaderamente queremos acabar con la trata de personas en ese estado, debemos trabajar con la gente de Tlaxcala, que es gente honesta. Unos pocos cobardes han ensuciado al estado y nos avergüenza a nivel internacional que estos tratantes estén haciendo comercio de seres humanos en Nueva York, Atlanta, Houston, Miami, Los Ángeles. El próximo gobierno está en el momento oportuno de crear toda una estrategia para darle oportunidades diferentes a los jóvenes de Tlaxcala y que en sus pueblos no se siga generando la cultura del padrotismo”. La tercera manera de ejercer la trata la representan aquellas estructuras internacionales que mueven el tráfico humano, “organizaciones que traen chinos, paquistaníes, y que son tan graves que podrían generar que a nuestro país entraran terroristas; está abierta una brecha que permite el tráfico de seres humanos de otros países para ser explotados laboralmente, para atender a funcionarios públicos o para cruzar a Estados Unidos a los campos agrícolas, donde tantos migrantes, niños, jóvenes y adultos, han sufrido”. El testimonio de Claudia Claudia es originaria de la capital mexicana y durante cuatro años un proxeneta la forzó a ejercer la prostitución. Fue retenida contra su voluntad a los 12 años y logró escapar a los 16. Por cuestiones de seguridad, la joven, que hoy en día tiene 20 años, no proporciona su nombre real. Pero sí accede a charlar con Newsweek en Español: “Todo empezó cuando tenía 12 años. Yo salía mucho, me juntaba en Pino Suárez con unos chavos de mi edad para jugar, platicar, pasear. Un día yo llegué más temprano que todos y un niño, de esos que venden dulces en cajita, me ofreció un dulce, me dijo que me lo mandaba una persona, un chavo, y lo acepté. Lo único que me dijo el niño fue: es un chico que está por allá. El chavo se acercó, me empezó a hacer la plática, y yo empecé a platicar con él porque era una chica muy sociable. “Después empezamos a platicar muy profundamente. Dejé a mis amigos por él y fuimos a comer. Empezamos a platicar más cosas, de dónde era, si yo era de aquí, él me decía que era de Puebla, me dijo que trabajaba en el comercio, en la compra-venta de carros, y a mí me preguntaba por mi familia. Yo no le respondía, le dije lo más mínimo, que mi mamá y mis hermanos vivíamos solos. Ya luego el chico me estaba ofreciendo ir a Puebla, y yo le dije que claro que no, no iría. Pero con tanta insistencia llegamos a un punto en el que me preguntó si no tenía yo más amigas para que tuviera confianza, y yo le dije no, prácticamente amigas no tengo. “Él me insistía mucho: ándale, vamos, nos vamos en mi carro, es un convertible. De ahí empezamos a platicar de cosas personales, la plática llegó a lo más profundo, me contó que tenía problemas intrafamiliares y me identifiqué mucho porque tenía esos problemas con mi madre y con mis hermanos, o sea, yo era la oveja negra de la familia...”. Cerrar los giros negros Como cualquier quebrantamiento de la ley, este delito se persigue a través de una denuncia. Y ahora, a partir de junio de este año, cuando la LXI Legislatura de la Cámara de Diputados aprobó la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, se castiga con cárcel a todos los clientes de trata de personas, como aquellos que adquieren pornografía infantil o que “visitan una casa de masajes clandestina donde hay personas que están siendo esclavizadas; aunque no sepa que son personas esclavas, si esa niña dice: yo estoy aquí en contra de mi voluntad, es suficiente, el cliente saldrá esposado y estará en la cárcel de dos a 40 años”, explica Orozco. De acuerdo con la presidenta de la Comisión Especial de Lucha contra la Trata de Personas, una de las medidas urgentes para erradicar este delito es cerrar los giros negros: “Deberíamos de aplicar toda la inteligencia para recuperar a los hijos que están desparecidos. Lo primero que deberíamos de hacer es poner atención a esos tugurios de tolerancia. ¿Cómo puede una autoridad tolerar lo intolerable? ¿Por qué no mandan a su hija? Los alcaldes que quieren tener zonas de tolerancia que manden a su hija o su esposa a dar el servicio, o las pongan en el jardín de su casa a ver si así entienden que no puede ser tolerado lo intolerable. “A esos lugares donde están las zonas de tolerancia deberían de ir primero a ver si no está una hija que es buscada. Se debería de ir a esos lugares, y si es necesario, desmantelarlos, revisar el caso de cada una de esas jovencitas, pues a muchas ya las hicieron drogadictas y por supuesto que no se escapan porque están amenazadas, después de tremendas golpizas difícilmente se atreven a volver a escapar”. Cuando finalmente una mujer es rescatada de manos de algún tratante, el proceso para su recuperación puede ser largo y exasperante. Explica Orozco: “En el Distrito Federal, la Procuraduría brinda la mejor atención hacia las víctimas de la mano de la sociedad civil, que desempeña una labor que a veces incomoda a la autoridad porque vigila que a la víctima se le trate con toda dignidad. Lo que sucede en otros casos, cuando las víctimas son llevadas a refugios de los estados, es que no hay sociedad civil que vigile, y ahí hay empleados que hoy están, mañana no, y para una víctima de explotación sexual, que ha sido violada 30 veces al día, eso no es humano, pues si no quiere vivir, menos quiere denunciar. “Entonces, ¿por qué no se logran muchas de las sentencias? Muchos procesos quedan truncos porque la víctima ni siquiera se asume como tal, pues muchas son muy jovencitas, no se dan cuenta de que han sido manipuladas, son muy inocentes y temerosas y, aparte, están realmente amenazadas por el padrote. Entonces, de su parte primero hay una negación, creen que el padrote le va a hacer daño a sus familias o que de veras les tenía amor, aunque un amor enfermo. Y muchas también llegan muy enojadas, indignadas, queriendo golpear, matar; están muy dañadas, recibieron violencia absoluta durante dos, tres, cuatro años”. “Me bajaba la luna y las estrellas” Después de mucha insistencia, Claudia finalmente aceptó intercambiar teléfonos con su nuevo “amigo”. Ella misma cuenta esta parte de su historia: “Nos volvimos a ver y él seguía con lo mismo, que quería que fuera a Puebla a conocer, que había lugares muy bonitos. Y finalmente me convenció; yo dije bueno, ya nos conocemos un poco y puedo ir. Yo tenía curiosidad, y al principio no desconfías porque no conoces muy bien a la persona. Le avisé a mi padrino, que era muy alcahuete; le platiqué que iría a Puebla con unos amigos y me dijo: bueno, ve, pero te quiero temprano aquí. Y yo: bueno, pero no le digas nada a mi mamá. “Al día siguiente me fui como a las siete de la mañana con él. Llegamos a Puebla, pero de ahí nos dirigimos a Tlaxcala, cosa que yo no sabía. Le habló a su hermano y le dijo que preparara su carro, era un Tran Sam rojo, y me sorprendí, nunca había visto un carro de esos. Conocí a sus primos, ya sabían todo de mí, me dijeron que él se quería casar conmigo, que quería hacer una familia. Yo tenía 12 años y nunca me imaginé casarme, pero en ese momento quería tener una familia por el problema en mi casa. “En la noche yo insistí en ya regresarme y él no me dejaba. Le dije que no le pedí permiso a mi mamá y que tuve que mentir para salir. El chiste es que llegamos a mi casa al otro día y mi mamá me corrió. Y como ya tenía una puerta abierta con ese tipo decidí irme con él, tenía muchos problemas en mi casa y ya me habían corrido varias veces. “En ese momento yo pensaba en lo más lindo, lo más hermoso. Él me bajaba la luna y las estrellas. Tres meses viví bien, me vistió, me calzó, me dio dinero, no me dejaba lavar ni cocinar, no me dejaba hacer nada. Vivimos en un departamento muy bonito, lo raro era que él se iba una semana sí, una semana no, pero me dejaba dinero para la lavandería, para comida, para todo. “Luego de los tres meses tuvimos relaciones por primera vez y me empezó a decir que ya tenía que trabajar. Yo le dije: sí, sé lavar, sé planchar, sé hacer todo, mi madre me enseñó. Entonces me dijo: no vas a trabajar en nada de eso, sino en el sexoservicio... En el transcurso de los tres meses él me lavaba la cabeza bromeando, me decía que cuando no hubiese dinero yo tenía que trabajar en el sexoservicio. Cuando yo le reclamaba que cómo, decía que era una broma. Entonces, cuando me lo dijo de verdad, yo dije que sí pensando que era una broma, y me empezó a explicar cómo se utiliza el condón, cómo se tiene que cobrar, cuánto se tiene que tardar el cliente, qué servicio tenía que dar...”. Sin respeto no hay paz Para que una víctima de la trata de personas logre reintegrarse a la sociedad debe pasar por muchas terapias. Expone Rosi Orozco: “Es todo un proceso que incluye terapias psicológicas, con trabajadoras sociales, y reforzar mucho su autoestima. Por ejemplo, la primera dama, Margarita Zavala, muchas veces ha estado con ellas; para una víctima que se sentía basura, que sentía que no valía nada, que una persona como Margarita, que actores, actrices, la atiendan, le sirve para darse cuenta de que es valiosa, que tiene un futuro. “La sociedad civil las enseña a hacer su libro de los sueños y volver a conquistar partes importantes de lo que fue truncado. En la ley general hay un concepto muy novedoso, el de proyecto de vida; el de ellas fue totalmente roto, fue truncado, y eso es lo más grave, su vida entera se hizo añicos. La verdad, es increíble el resultado que se obtiene”. Para concluir, la exdiputada federal manifiesta que lo primordial que debe entender la sociedad es que la vida humana no tiene precio: “Es necesario hacer un trabajo desde la niñez en valores, principios, pero también en advertirles cómo actúan los tratantes, cómo engañan a las jovencitas. No vamos a tener paz en nuestras naciones hasta que el ser humano sea respetado. La trata de personas es lo más extremo de la falta de respeto a la dignidad de una persona. Siempre tendremos gobiernos de diferentes partidos prometiendo mejores empleos y condiciones de vida, diciendo que recuperaron tantos coches o incautaron tantas toneladas de droga y armas, pero lo primero que deberían de decir es cuántas vidas rescataron este mes, cuántos seres humanos le arrebataron a los sicarios, cuántas hijas de papás desesperados recuperaron en este país o en otros; eso es lo más importante de atender. Primero es el ser humano, después son las mercancías o los coches”. “Si no lloraba más me pegaban” De acuerdo con su propio relato, a Claudia comenzaron a prostituirla a los tres meses de vivir con un proxeneta. “Al día siguiente el tipo me mandó con una chica a un hotel de Puebla. Ahí vi a varias chicas paradas con minifalda y tacones grandes. Esa chica trató de convencer al dueño de que yo pudiese trabajar, pero yo no tenía ni una identificación de mayoría de edad. Entonces el tipo que me llevó a Puebla me mandó a sacar unas fotos tamaño infantil y al día siguiente ya tenía credencial de elector. “De ahí me llevó a Guadalajara. Nos hospedamos en un hotel y me mandó con una chica para que me arreglara y me explicara lo que tenía que hacer. Me llevaron a una casa de citas, yo nada más me tenía que sentar ahí para que el cliente pasara, viera a las chicas y eligiera. Al principio sentí asco, me sentí terriblemente mal, de cierta manera se pierde todo, la vida, muchas cosas. Te quieres morir, piensas: por qué estás aquí, por qué te toca a ti; no tienes ni ganas de salir, te da un asco impresionante, te sientes muy sucia. “De Guadalajara me llevaron a Irapuato. Me vigilaban todo el tiempo, la misma chica me cuidaba y daba un reporte de cuántos ratos hacía, cuánto tardaba, cuánto tenía que llevar de dinero, y si no llevaba cierta cantidad me pegaban. No una cachetada, con cables, cadenas, puños, con botas tejanas de casquillo. En una ocasión me dieron un rozón con la plancha caliente en la parte vaginal. Ahí nadie te ayuda y yo no tenía que llorar; si no me callaba más me pegaban, y si no lloraba más me pegaban, pero llega un punto en el que te acostumbras a los golpes”. Claudia logró escapar del proxeneta gracias a la ayuda de un cliente: “Un cliente que estuvo tres años conmigo. Era un cliente que entraba, platicaba, pero no me pagaba por sexo, sino por platicar; yo no lo pelaba: este está loco. Después como que me decía: platícame, y le empecé a platicar; me preguntaba si tenía sueños, familia, y me convenció. Se hizo mi amigo, mi único amigo que tenía allí dentro. “Yo estaba ahí por mi hija” “Después me preguntaba cómo me iba, si yo necesitaba dinero él me visitaba, me pagaba, pero yo le daba servicio solo platicando, era mi cliente favorito. Fue mi amigo, ahorita ya tiene dos años de muerto, y gracias a él estoy aquí. Empezamos a planear cómo irme, empezó a comprar maletas y ropa para mí y para mi hija. Tuve una hija con ese tipo [el tratante], que me mantuvo hasta los ocho meses de embarazo dando servicio, y mi amigo era el que más me cuidaba, por él tenía la cuenta que tenía que sacar, así no tenía que ocuparme tanto y no tener tanto riesgo de un aborto, e hizo que yo tuviera una razón para vivir. Como yo no veía a mi hija, con eso me amenazaban, pero yo ahí estaba ya por la niña. “Empezamos a hacer un plan. Mi amigo decía: yo te voy a dar tanto dinero y tú vas a juntar tanto con tu trabajo, y todo se lo vas a dar y va a ser como una visita a tu casa normal. Me tuve que ganar la confianza de ese tipo y llegó el día en el que yo le empecé a decir: sabes qué, le hablé a mi tía, ella habló a mi casa, quieren vernos a mí y a la niña, déjame ir. Al principio me dijo que no había dinero, luego me dijo: si me juntas cierta cantidad te doy permiso de ida y regreso. Él me dejó una semana sola, mi amigo y yo juntamos una gran cantidad de dinero, se lo di al tipo, me dio a mi hija y me pude escapar. Él pensaba que yo iba de ida y regreso, pero era la oportunidad de mi vida y ya, ahí me quedé. Mi tía me ayudó y el señor, mi amigo, me estuvo hablando telefónicamente para ver si estaba bien, cómo iba todo. Me quedé en la casa de mi tía, de ahí a un albergue, en el albergue me quedé dos años, y luego salí”. A cuatro años de distancia, en la actualidad Claudia brinda apoyo en los albergues de víctimas del trato de personas. Sueña con estudiar cultura de belleza profesional y pronto se casará, pues desea formar una familia con el hombre que la ama y apoya. Y aunque por obvias razones no puede verla, quiere para su hija, de cinco años, un destino feliz y virtuoso. “Ella no puede vivir conmigo, por lo mismo —dice finalmente—. Pero las veces que nos vemos son increíbles”. http://newsweek.mx/index.php/Mexico/trata-de-personas-la-esclavitud-del-siglo-xxi.html

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