lunes, 21 de noviembre de 2011

Editorial: Una forma de violencia

Editorial: Una forma de violencia Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 9:01 p.m. | 11 de Noviembre del 2011 ¿Qué tienen en común el precandidato presidencial estadounidense Herman Cain y el coordinador de la oficina de Derechos Humanos de la Casa de Nariño, Tomás Concha? Ambos están en la picota pública luego de haber sido reveladas denuncias de mujeres que los señalan de acoso sexual. En el caso del político afroamericano, los hechos sucedieron hace más de una década y han salido a la luz cuando aspira a la nominación del Partido Republicano para competir por la Casa Blanca. En las últimas semanas, cuatro antiguas empleadas de la organización gremial que Cain dirigía a finales de los años 90 han afirmado que sufrieron insinuaciones indebidas y presiones sexuales del empresario de pizzerías. El escándalo ha frenado la curva ascendente del dirigente conservador, que se venía perfilando como una opción independiente para las primarias republicanas del año entrante. En una sociedad como la de Estados Unidos, que rechaza fuertemente el abuso de poder en el mundo laboral, las probabilidades de que Cain enfrente a Obama en noviembre del 2012 se han visto disminuidas de manera ostensible. En Colombia, la Fiscalía ya tramita una acusación de abuso sexual contra Concha, quien hace tres semanas se dirigió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para explicar los esfuerzos colombianos orientados a combatir la violencia contra la mujer. El funcionario de Palacio, al igual que el precandidato presidencial estadounidense, habría usado su jerarquía para forzar a una trabajadora del área de comunicaciones a realizar actos sexuales. Por temor a perder su empleo, la mujer accedió. Este tipo de acoso en el lugar de trabajo es un silencioso fenómeno, cuyas estadísticas son difíciles de registrar. Una combinación entre la aceptación social de comportamientos abusivos y el miedo a las represalias económicas conduce a muchas mujeres -y en menor medida, a los hombres- a no denunciar tales conductas. Según las estadísticas de Medicina Legal, en el 2010 se estableció en unos cien exámenes médicos por presunto delito sexual que el agresor sería un empleador o un compañero de trabajo. Una proporción menor dentro de los 20.142 hechos registrados, la gran mayoría violaciones y accesos carnales similares. Para la legislación colombiana, en especial la Ley 1257 del 2008, el acoso sexual es un delito que se paga con una pena de hasta tres años de cárcel. Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca el aumento de las tasas de ocurrencia de estos comportamientos en los países de la Unión Europea y Asia y en Australia. En Estados Unidos, las denuncias instauradas por víctimas del género masculino han crecido en años recientes. De todas maneras, en nuestro país las mujeres necesitan la aplicación de formas más eficientes de protección legal en los entornos laborales. Si bien los datos resaltan el crecimiento de las denuncias por delitos sexuales en la última década, chantajes de esta clase en el trabajo continúan en situación de ambigüedad. Comentarios con un tono indebido, manoseos indeseados, invitaciones descaradas y abierta presión para aceptar favores íntimos se presentan en oficinas, fábricas y talleres con mayor frecuencia que la que quisiéramos reconocer. En incontables ocasiones, los reportes de acoso son calificados como resultado del "enamoramiento intenso" del abusador o de la hipersensibilidad femenina. Frente a estas zonas grises, la ley ha avanzado un poco al identificar el uso del poder con intención sexual como la frontera para definir una situación delictiva. La invitación a las víctimas es a denunciar. editorial@eltiempo.com.co

EN LOS MEDIOS.DIVULGANDO, EDUCANDO Y DEFENDIENDO MUJERES!!!