lunes, 13 de junio de 2011
Un cuerpo mutilado a la orden de otro…
PARA ESTE BLOG ES UN VERDADERO ORGULLO PUBLICAR ESTE RESUMEN DE LA INVESTIGACION DE LA DESTACADA FEMINISTA VENEZOLANA MARBELLA CAMACARO CUEVAS ACTIVISTA Y DEFENSORA DE LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS DE LAS MUJERES VENEZOLANAS.
Daisi Camacaro Gómez y Marbella Camacaro Cuevas
_______________________________________________________________________
RESUMEN
Un cuerpo mutilado a la orden de otro…
En la ginecología actual, la histerectomía constituye un evento de apropiación del cuerpo femenino
que se sustenta en raíces patriarcales; es una práctica de la rutina médica que encarna una
mutilación del cuerpo de la mujer. Sobre esta problemática existen estudios desde el ámbito de la
etiología y la prevalencia en mujeres, pero son exiguos desde las voces de las propias mujeres y a
partir de una teoría feminista, lo que nos condujo a rastrear las representaciones sociales construidas
por las mujeres histerectomizadas con respecto a su cuerpo, sexualidad y derechos reproductivos.
Para ello nos apropiamos del enfoque de género como metodología analítica, el grupo humano
sujeto de este estudio estuvo constituido por veintidós mujeres histerectomizadas. La
representatividad de esta investigación estuvo garantizada por la calidad de la información; el punto
límite de esa representatividad estuvo indicado por el punto de saturación del conocimiento, y la
técnica participativa que seleccionamos fue la entrevista enfocada. La construcción del análisis fue
enriquecido por las voces de las entrevistadas, quienes, desde “lo vivido” y durante todo el proceso
hermenéutico, nos evidenciaron el escaso conocimiento, aceptación y cuidado de su cuerpo que
explican sus ideas y conductas en relación a su salud, especialmente su salud sexual y reproductiva.
En ninguno de los testimonios hablaron del placer porque, en definitiva, las mujeres evidenciaron que
en su cotidianidad están negado el derecho a ejercer el control sobre la propia sexualidad y a decidir
libremente todo lo relacionado con ella. La institución médica no se pasea por la subjetividad de la
mujer, no respeta sus derechos sexuales y reproductivos y, lejos de esto, propone sin vacilaciones
la práctica de la histerectomía como medida profiláctica.
Palabras clave: violencia médica, histerectomía, violación, derechos reproductivos.
ABSTRACT
A mutilated body subdued by someone else
In current gynaecology, a hysterectomy constitutes an event of appropriation of a woman’s body which
is embedded in patriarchal roots; it is a routine medical practice, which embodies the mutilation of a
woman’s body. There are studies on the aetiology and prevalence of this issue, but nonetheless those
coming from the voices of women are exiguous and from a feminist perspective. This motivated us to
trace the social representations constructed by hysterectorized women in relation to their bodies,
sexuality and reproductive rights. In this study we have used a gender approach as the methodology
for analysis, with a study group made up of twenty-two hysterectorized women. The representation of
the study was guaranteed by the quality of the information, which was indicated by the saturation point
of knowledge. Participation involved focus interviews. The construction of the analysis was enriched
by the voices of the women interviewed who, from their “life experience”, and during the whole
Unidad de Investigación y Estudios de Género
“Bellacarla Jirón Camacaro”. Facultad de
Ciencias de la Salud. Sede Aragua.
Universidad de Carabobo.
Correspondencia: Marbella Camacaro
E-Mail: bellacarla1802@hotmail.com
ARTICULO
hermeneutic process, made clear their lack of knowledge, acceptance and care of their own bodies,
which explains their ideas and behaviors regarding their sexual and reproductive health. They did not
mention the word pleasure in any of the testimonies because, definitely, these women evidenced that
in their daily lives they deny themselves the right to exercise control over their own sexuality and to
make free decisions in relation to it. The medical establishment does not consider women’s
subjectivity, nor respects their sexual and reproductive rights and, far from it, without hesitation
suggests hysterectomy as a prophylactic measure.
Key words: medical violence, hysterectomy, violation of reproductive right.
A MANERA DE INTRODUCCIÓN.
“…Anda acércate a mí y huele mis vestidos; ¡acércate! A ver donde encuentras un olor que no sea el
tuyo, que no sea tu cuerpo. Me pones desnuda en mitad de la plaza y me escupes. Haz conmigo lo
que quieras, que soy tu mujer, pero guárdate de poner nombre de varón sobre mis pechos.”
Federico Gracia Lorca, Yerma
El entramado social que la ciencia médica construyó, hizo del útero el todo
que representaba al ser humano mujer; éste pasó a ser un órgano revestido
de signos y símbolos determinados por la construcción arbitrar ia de la
identidad sexual y reproductora de la mujer, la cual jugaría el rol
protagónico en la procreación y en la maternidad. Las prescripciones de
género impuestas por la sociedad patriarcal han dejado muy claro la
asociación de la mujer con la naturaleza y de la feminidad con la
maternidad. Esas construcciones genér icas han propiciado que las mujeres
desaparezcan y se oculten detrás de su única función social: ser madre.
Desde la antigüedad el útero pasó a ser el centro de atención de los
hombres que hablaban sobre las mujeres; la ausencia de este órgano en sus
cuerpos les provocó extrañeza y el útero se convirtió en “un órgano
impresionable”, fue representado como pieza exclusiva y además preciada
por su papel en la reproducción y al constituirse en un órgano imperioso,
pasó a ser aprehendido y controlado por el saber-poder masculino (1).
En el contexto de la ginecología actual, la histerectomía es una de las
intervenciones de cirugía mayor más frecuente y constituye un evento de
apropiación del cuerpo femenino que se sustenta en raíces patriarcales, es
decir, que está permeado por lo histór ico, lo cultural y lo polít ico. Además,
es una práct ica de la rutina médica, y como rutina se ha convertido en una
praxis indiscr iminada la cual encarna una mutilación del cuerpo de la mujer,
sin que para ello haya mediado su parecer o su sent ir. A partir de una
pretendida salud reproduct iva la ciencia médica despojó a la mujer de su
autonomía y del saber sobre su propio cuerpo, se apoderó de su útero,
adjudicándole a éste un lugar trascendental debido a que la orden social es
la reproducción, por tanto, la mujer por sobre todas las cosas ha sido
valorada como mujer/madre/ reproductora.
Consideramos que enfrentar el abuso del uso de la histerectomía es una
cuestión polít ica, pues, entraña una violación al cuerpo de la mujer a través
de la institución médica, por ello estimamos obligante comprender la
racionalidad científ ico-técnica y entender la relación médico poder/mujer
subordinada para así develar como la ausencia del útero, órgano otrora
invisible, pasa a ser un problema visible al quebrantar su destino: la
reproducción. Tomando estas ideas como guía, nuestro objetivo central es
rastrear las representaciones sociales construidas por las mujeres
histerectomizadas con respecto a su sexualidad.
Lo teórico / metodológico. En esta investigación la abordamos desde la
teoría feminista por considerar, sin lugar a dudas, que ésta se pronuncia
plenamente en defensa de una acción trasformadora, por concebir la
investigación como una acción polít ica, histór ica y dinámica, manteniendo
una oposición al paradigma científ ico dominante. Como reseña Camacaro,
M. (2), nos proponemos deconstruir una consciencia social para irrumpir en
el orden simbólico, hacer visible el sentido de las designaciones, de los
valores que han operado desde la lógica del poder dominante de la ciencia y
de la sociedad patriarcal, como únicas y “naturales” legit imaciones de la
opresión específ ica que suf ren las mujeres.
Abordar este trabajo desde esa mirada, nos exigió ineludiblemente,
apropiarnos de la metodología de género, por ser la única que nos dará
cuenta críticamente de la realidad, permitiéndonos rastrear el origen de las
inequidades de salud sobrellevadas por las mujeres histerectomizadas, nos
ayudará a develar en el camino hermenéutico los sesgos sexistas y
androcéntricos y, poder contextualizar para la construcción de
conocimientos. El grupo humano sujeto de este estudio estuvo const ituido
por veintidós mujeres histerectomizadas, trabajadoras de la Corporación de
Salud del Estado Aragua, Instituto Autónomo de la Gobernación del mismo
estado. La representatividad de esta investigación estuvo garantizada por la
calidad de la información y el punto límite de esa representatividad, estuvo
indicado por el punto de saturación del conocimiento y la técnica
participativa que seleccionamos fue la entrevista enfocada. La construcción
del análisis nos permitió acercarnos a las representaciones sociales
construidas por las mujeres a través de su exper iencia con la histerectomía.
Sin útero, no soy mujer. Es incontestable que la sociedad patriarcal le ha
permitido a la mujer entrar al orden sexual sólo como objeto, por tanto, es el
hombre quien posee el dominio del placer, históricamente a la mujer se le
venera como madre y este culto que se hace de la maternidad, como una
bendición de Dios, como un destino de ser mujer, como el lunar que la
identif ica, diremos que no es otra cosa que la alabanza a su subordinación.
Pero también, en función o defensa de los intereses del varón, la mujer es
def inida como explícitamente lo hace Torres AT. (3), a la hora de las
def iniciones la mujer, en el orden sexual, aparece bajo cinco títulos básicos:
la madre, la prostituta, la señora, la dama y la amante. Es innegable que el
término sexual idad, está permeado por lo sociocultural y ha estado sujeto a
las sacudidas de la histor ia y a los dictámenes del discurso masculino.
La humanidad ha sido testigo del inmenso abanico de interpretaciones que
las diferentes sociedades han forjado de la sexual idad: como producto del
quehacer discursivo, ligada al poder, al lenguaje, a los procesos socios
histór icos, culturales y económicos.
La sexualidad, es un constructo humano colmado de simbolismos,
expresiones, conductas, signif icados; incertidumbres, y subjetividades, que
está urgida de la reconstrucción de códigos culturales que transversalizan
cognitiva y afectivamente la exper iencia de la sexualidad y las relaciones de
género.
Estamos concientes de lo complejo que se torna la deconstrucción de
estructuras de pensamiento y de comportamientos tan arraigados en todos
los seres humanos/as, formados/as y construidos/as en el marco de una
relación de explotación, de coerción polít ica y de hegemonía ideológica. Por
tanto, presentimos lo espinoso del camino escogido al plantearnos como
reto develar lo const ruido-vivido por las mujeres histerectomizadas y quizás,
nos conduzca a una aproximación de sus formas de percibir , sentir, vivir y
concebir su sexualidad, que en def init iva, es cultural, social y producto de
una historia individual, colect iva y aprendida y por tanto, imbuida de
temores, incomodidades, perturbaciones e ilimitadas inquietudes, en el
marco de esas estructuras de poder. Nuestro interés en esta categoría
responde al propósito de aproximarnos al sent ir de la mujer
histerectomizada y cómo ella le da sentido y significación a su cuerpo y su
sexual idad, de qué manera internal iza dejar de cumplir con los cánones
para los cuales fue social y culturalmente concebida. En otras palabras, su
percepción como mujer, después de una histerectomía.
El útero es un órgano que social y culturalmente está rodeado de un
signif icado simbólicamente vinculado a la ident idad de la mujer, l igado a su
ciclo menstrual y a la maternidad; por tanto la histerectomía es vivida por las
entrevistadas como un procedimiento que implica un impacto importante,
sobre todo en su sexualidad, estos planteamientos se encuentran reflejados
en las narraciones hechas por las mujeres entrevistadas:
“…no sabía que iba dejar de ser normal , … a mi jamás me hablaron de la
par te sexual, de cómo me iba a afectar eso a mí , me siento sin mi mi tad, me
falta algo, ya no soy completa, me siento mut i lada. . ” (Entrevista Nº 1).
“Con la histerectomía no sent í ni vaporones, ni calorones, ni nada; lo que si
me pasó es que no volví a tener un orgasmo más nunca y además que
tampoco me provoca, ni nada de eso. Yo no volví a tener relaciones más
nunca…” (Entrevista Nº 7).
“Cuando me hice la histerectomía él se molestó, porque el decía que eso de
que yo no quisiera estar con él era porque yo me había qui tado todo, no sé
hasta qué punto inf luyó, pero no sent ía ningunas ganas de tener relación con
él… él es un machista,…” (Entrevista Nº 9).
“…me dejaron hueca hasta para las relaciones sexuales, a mí eso se me
olvidó, el mismo t iempo que tengo de operada lo tengo de no tener
relaciones sexuales…siento miedo de tener relaciones, me da miedo y eso
no me provoca, no está en mi mente, ni en mi cabeza… y el esposo mío
t iene permiso para que lo complazcan afuera…no lo puedo ayudar de ot ra
forma…” (Entrevista Nº 10).
“…después de eso yo no tenia ningún interés…, yo antes no era así , a mi me
provocaba, a veces era yo quien proponía, ahora no, ahora me quedo
cal ladita, si no se acuerda mejor , pero eso nunca se le olvida, nunca se le
olvida, es un desast re…” (Entrevista Nº 12).
“…incorporarme a una act ividad sexual placentera me costó y entonces a él
no le gustaba porque yo no estaba preparada, no me sent ía suf icientemente
cómoda,…yo creo que las relaciones nunca fueron del todo iguales a como
eran antes de la histerectomía, . . ” (Entrevista Nº 15).
“Después que me operé estaba preocupada, porque como no íbamos a tener
más relaciones a causa de esa dieta, yo decía: él va a tener su necesidad
de sexo y yo no puedo, porque tenía que cuidarme. Entonces él me di jo que
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si tenía esa necesidad, iba a tener que ir a ot ro lado,…él pagar ía por un
servicio de esos, pero que estuviera segura que él no me iba dejar . . . ”
(Entrevista Nº 17).
“Yo me operé sólo después que mi mar ido mur ió, porque bueno, podía no
sent ir igual, podía buscarse ot ra, pensaba yo en mis adent ros y después que
me operé no tuve más sexo…bueno tú sabes, uno se adapta a lo que venga,
pero yo no me sent í más nunca excitada, sino t ranquila, t ranquila gracias a
Dios…” (Entrevista Nº 21).
“Lo que más sent í después que me operé fue inapetencia sexual, pero para
mí eso no es lo cent ral , lo fundamental es el amor…” (Entrevista Nº 22).
En estos testimonios observamos que el único camino de sexualidad es el
coito, las mujeres sienten incompleta su feminidad, descubren un cuerpo
pasivo a la orden del otro o de la misión del otro como evoca Butler J.
(4)…cuerpos entendidos como recipientes pasivos de una ley cultural
inexorable. Indudablemente que la sexualidad de la mujer queda detrás de
su única misión:“ser madre-no sexual”; su sexualidad es representada como
una fuerza devoradora, como una amenaza, como un continuo peligro para
el otro. Como expresa Tubert S. (5), la imagen de la maternidad permite
dejar en la sombra la cuestión de la sexualidad de las mujeres; Eva queda
borrada detrás de María; la mujer-madre-no sexual permite evitar tanto el
pel igro de la confusión de los sexos como la angustia a una diferencia
irreducible. Tal vez por esto es que el patriarcado coloca un acento
exacerbado en la maternidad, para mitigar los temores sobre el
sostenimiento del poder masculino; quizás por esto, su ideología construye
la maternidad como el único don, como el imperio y la única potestad que
tiene la mujer en el mundo.
Descubrimos que en los argumentos de las entrevistadas sobresale una
connotación inst int iva, que reduce la sexualidad al encuentro entre macho y
hembra, no obstante, pensamos que sexualidad y genitalidad no son
equiparables. Coincidimos con las críticas que hace Esteban ML (6), con
respecto a las conceptual izaciones biologicista de la sexualidad; defendemos
que la sexualidad humana no se reduce al aspecto biológico–genital como
en los animales, sino que es una forma unif icada de pensar, sent ir y actuar;
de ser y estar en el mundo. La sexual idad de los/ las humanos/as, aunque
derive de lo biológico, es aprendida y responde a factores socioculturales.
En cada cultura se han impuesto diferentes normas, y cada individuo las ha
aprendido desde la infancia, la sexualidad posee una serie de signif icados
que la transforman en una dimensión de la conducta y de la subjet ividad
humana, la cual estará permeada por el quehacer cultural. Por ende la
sexual idad humana va más allá de la función reproductora para asumir
funciones de carácter relacional y hedonista. A f in de develar esa
construcción social, personal y de género que se va tej iendo alrededor de la
sexual idad, queremos apoyarnos nuevamente con los aportes de Torres
(3),…el cuerpo como tal no es más que un pedazo de carne y hueso; es la
cultura, la red simbólica, lo que inscr ibe ese cuerpo en un sentido que lo
puede hacer deseable, torturable, prohibido o ilícito, abierto al placer o al
suf rimiento. Por otra parte, ser hombre o mujer no es solamente un hecho
biológico, es un hecho de lenguaje, un cierto modo de insertarse en la
cultura. Por eso, más que hablar de la mujer en relación con la sexualidad,
parece más exacto def inir el tema como inserción de la mujer dentro del
orden sexual.
Nos l lama la atención como en pleno siglo XXI, aún las mujeres sientan el
temor de embarazarse como un obstáculo para la obtención de su placer
sexual; y otras se niegan el disf rute por percibirse eunucas o castradas
f ísica y emocionalmente post histerectomía. Hablar de sexualidad es hablar
de relaciones sociales, de género y poder, quizás por ello en los relatos de
las mujeres, podemos extraer representaciones sociales del sexo como
obl igación y centrada en la preocupación por el otro. En palabras de Torres
(7),…El hombre se declara hombre para hacer signo a la mujer que se
declara mujer para hacer signo al hombre que desea.
En este contexto, es importante connotar la importancia de la contribución
que la categoría de género ha realizado en torno a los estudios de la
sexual idad, así como el ámbito ocupado por ambas categorías y su relación
dialéctica; que nos hace diferenciar en una, el género del sexo biológico con
el cual nacen los seres humanos y en la otra, el sexo del placer que generan
las aproximaciones y contactos corporales. No obstante, af irmar que ambas
son producto de la construcción social y cultural, determina que ninguna de
las dos es natural, por lo tanto es la cultura la que le otorga al sexo
masculino más valor, más importancia y privilegio con respecto al femenino.
Al respecto, Bourdieu (8) destaca la ef icacia de natural izar la sexualidad y
legit imar la heterosexual idad como única alternativa a part ir de la
complementariedad de los sexos para la reproducción; af irma que la
construcción social circunscribe el ámbito de la sexual idad humana en el
orden de lo natural y calif ica como ‘ant inatural’ todo lo que no se vincule con
la vida reproductiva. Igualmente, respecto a la sexualidad camuf lada de
natural y biológica, Tuñón y Erosa (9), aportan que esto explica la fáci l y
falaz sustitución de género por sexo, de sexual idad por reproducción y de
salud sexual y reproductiva por planif icación familiar.
Ref lexionando sobre los aportes de estos autores/as podemos tal vez,
explicar tanto la desvalorización general de las mujeres entrevistadas, como
la ausencia en sus relatos de práct icas sexuales no vinculadas a la lógica
reproduct iva. Cont inuando con este orden de ideas, Tubert S. (5) acota que
la petr if icación del deseo de ser madre obtura el cuest ionamiento sobre el
deseo de las mujeres, e impide que se replantee una y otra vez, no sólo la
cuestión de la diferencia de los sexos, sino también la de las diferencias
entre las mujeres deseantes.
La negación de la sexualidad está tan arraigada en la cultura que parece la
única opción de vida, la negación del placer, la culpa asociada a la
sexual idad, han signado las conciencias y las vidas de millones de mujeres.
La psicóloga Torres AT. (3), nutrirá estas ref lexiones sobre la sexualidad
femenina acotando que la sexualidad parece siempre asentarse sobre un
malestar en la cultura, aunque ese malestar cambie de nombre y de
posición. En lo que podría llamarse la histeria post-moderna, las mujeres no
hal lan tampoco cómodamente su lugar. De ser un objeto sexual, cuerpo
deseado y despreciado, de no haber podido durante siglos hablar sobre su
sexual idad, las mujeres han encontrado en esta vuelta de siglo, dentro de la
vertiginosidad y banalidad que inunda a esta cultura, donde todo pasa y
nada queda, que la máxima conquista de la mujer en lo que a su sexualidad
se ref iere, como es poder decirse a ella misma sujeto de su deseo, corre el
riesgo de desvanecerse. No se trata, por supuesto, de volver atrás, sino de
af irmar que la sexualidad sigue en conf licto, y que con respecto al estatus
de los sexos y sus relaciones con la historia no ha terminado.
Los test imonios de las mujeres histerectomizadas nos hablan del poco
reconocimiento de sus subjet ividades y de sus niveles de autoest ima.
Durante todo el proceso hermenéutico pudimos percibir el escaso
conocimiento y poca aceptación del propio cuerpo, que explican sus
representaciones sociales en torno a su sexualidad. En ninguno de los
testimonio ellas hablaron de goce, porque en def initiva, las mujeres
evidenciaron que sin útero no hay placer. Para ello recordemos algunos
f ragmentos de los relatos de las entrevistadas:
“…no sabía que iba dejar de ser normal,… me siento sin mi mi tad, me falta
algo, ya no soy completa, me siento mut i lada. . . ”. “… eso hizo que
práct icamente yo no tuviera relaciones sexuales, por ese problema l legamos
hasta separarnos…” “… no volví a tener un orgasmo más nunca… no sent ía
ningunas ganas de tener relación con él…, no me l lamaba la atención tener
relaciones… yo me fui alejando de la act ividad sexual…“…me dejaron hueca
hasta para las relaciones sexuales, a mí eso se me olvidó, el mismo t iempo
que tengo de operada lo tengo de no tener relaciones sexuales…”
“…después de eso yo no tenia ningún interés… a veces no me provoca” “…
ya todo cambia, es cuando t ratas de complacer te a t i y a tu esposo o a tu
pareja y no puedes porque te duele, porque no lubr icas…” “… las relaciones
nunca fueron del todo iguales a como eran antes de la histerectomía, . ” “….Lo
que más sent í después que me operé fue inapetencia sexual…”
Si buscamos en los anales de la historia podemos identif icar esos
referentes constructivos en la Modernidad, con la cual la lógica de la familia
pasa de productora a ser reproductora y se tienen menos hijos/as y deviene
una preocupación por su cuidado y mantenimiento. Impronta que determinó
que a través de la maternidad la mujer adquiere un status social que antes
no poseía. Con el avance del desarrollo capitalista se introduce el afecto en
las relaciones familiares y con esto el modelo de dominación pasa de ser
f rontal y directo a un modelo mitif icado donde el amor romántico y la
maternidad const ituyen sus ejes centrales. Martínez E. (10) hace un f irme
planteamiento de cómo el discurso médico, psiquiátrico y pedagógico
permeó las familias e impregnó todos los intersticios sociales, sin dejar
ningún espacio libre, trazando el camino de la subjet ividad femenina y el
destino de su sexual idad, comenta: si bien el nuevo concepto de amor
intenta resolver una vieja ant inomia entre procreación, ligada a la pareja
conyugal y placer, l igado a las relaciones ilegitimas y transitorias, el
matrimonio va a prescribir como única forma legitima de ejercicio de la
sexual idad para las mujeres, la que se ejerce dentro del contrato de
conyugalidad monogámica con f ines procreativos, dando lugar al surgimiento
de una nueva moralidad femenina que va a orientar ‘correctamente’ la
subjetividad hacia la maternidad controlada por la institución médica y
psiquiátrica y las teorías psicológicas que glor if icaban el rol materno.
Cont inuando con las representaciones sociales de las mujeres
histerectomizadas, es importante reseñar que las entrevistadas, con sus
relatos denotan poco conocimiento sobre su propio cuerpo y manif iestan una
sexual idad a la orden del otro, pero sus respuestas no han sido edif icadas
en el aire, responden como ya hemos mencionado a las construcciones
sociales que ha realizado y ha difundido el propio discurso médico; veamos
algunas citas textuales de tratados de ginecología que nos of recen Morales y
Rincón (11), en cuyos textos se admite como habitual que la mujer practique
el sexo para complacer al hombre y mantenga una act itud de sumisión y
subordinación f rente a su pareja:
“El coito indiferente o pasivo representa para la mujer un acto de
complacencia, a veces de sacr if ico y ot ras de pura conveniencia. Aunque
más f recuente de lo que parece, como agente et iológico que obra
per turbando el organismo de la mujer , t iene poca impor tancia. ”
“El hombre va al mat r imonio en condiciones totalmente opuestas: por
temperamento y por la intensidad de sus apet itos, la naturaleza le hizo
agresivo y exigente; por educación, se le enseña en todos sus actos a llevar
la iniciat iva y a desar rol lar la acomet ividad; por costumbre y por tolerancia,
se le consiente o se le tolera un aprendizaje o disf rute de los goces sexuales
que, cuando no degenera en vicios o desviaciones del apet ito genésico, le
hace más exigente y ref inado en la ejecución de cier tos actos. ”
“El pudor y la honest idad exigen por par te de la mujer cier tas reservas en el
cumpl imiento de la función sexual, que la obl igan a esperar a que sea
sol icitada. ”
Indiscutiblemente que en el contenido de estas citas se evidencia un
profundo sexismo, en el las se modela a la mujer como sumisa y obediente a
la orden y al deseo del hombre, en estos tratados de ginecología, los cuales
consol idan el pensamiento y el ejercicio de quienes aprenden de ellos, la
mujer es concebida ideológicamente para servir de desahogo al sexo
masculino, se deja establecido allí, que hay un sexo que fue dispuesto en el
mundo para servir al otro; cumplen con un cometido ideológico de hacer
resaltar la superior idad del sexo masculino y de mantener sus privilegios.
Como dice Torres (3), la historia de la mujer es la historia de las
disociaciones, y…la huella de la sexualidad sea siempre de mantener
dividido al sujeto. La ideología patriarcal ha signado el cuerpo de la mujer
como objeto a la disposición del hombre.
En esta línea de pensamiento, sostenemos que en la const rucción social de
la sexualidad, el discurso médico es un vehículo ideológico muy poderoso
para aprender normas, valores y relaciones sociales que subyacen y se
transmiten a través de la cot idianidad, también en las rutinas diar ias de la
vida, en los centros de atención y textos de formación-como hemos podido
evidenciar- no sólo se aprenden conductas y conocimientos, sino todo un
conjunto de act itudes y de práct icas sociales que sirven para la construcción
de la sexualidad tanto de hombres como de mujeres.
La sexualidad es conceptualizada a través del modelo reproduct ivo, cuya
f inalidad es la conservación de la especie. Como dice el invest igador
Rigoberto Lanz (12), el discurso de la ciencia no es un modo de producción
de conocimientos, sino un cr iterio de autoridad para convalidar todas las
formas de jerarquías. La lectura que podemos hacer de los textos
discursivos es que la sexualidad de la mujer siempre está en manos de
otros, ellas están centradas en complacer las necesidades o canalizar los
requer imientos sexuales de sus parejas; lo que nos habla de su ceguera con
respecto a sus derechos sexuales y reproductivos.
A manera de conclusión. Los estudios sobre la sexual idad,
fundamentalmente conducidos desde las teorías feministas, se han ocupado
en resaltar la dimensión oculta o encubierta en relación con la construcción
de diversas identidades, entre ellas las de género y las de sexualidad. Sin
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embargo, en el contexto cultural de nuestros países los hallazgos de estos
estudios siguen silenciados. Así pues, a la luz de toda esta discusión
entendemos el por qué de la carencia cognit iva de las entrevistadas sobre su
cuerpo y su sexual idad, así como las discriminaciones y los problemas que
suf re su género. Pensamos que existe una deuda histórico-social que tiene
la inst itución médica y la sociedad en general con respecto a la mujer, que
no se ha considerado, ni se considera su sexual idad para su vida.
Como lo hemos venido af irmando, históricamente la sexualidad de la mujer
ha sido construida socialmente para la reproducción, por tanto, la
edif icación de su identidad se ha conformado sobre la base exclusiva de su
ser para la procreación y la maternidad. Concebimos que la histerectomía
se convierte en un asalto al cuerpo de la mujer, pues conlleva la ext irpación
de un órgano envuelto de una grandiosa carga simbólica, es una rutina
médica que se practica a espalda del sentir/saber de la mujer, sin ninguna
duda los representantes y expertos de esta discipl ina no tienen porque
preguntarse: ¿Qué signif icado tiene para la mujer su útero?, ¿Cómo suele
vivir la pérdida de su útero dentro de la cultura dominante?, ¿Cuál ha sido la
resonancia subjet iva en su ser mujer?, ¿Cómo vive su sexualidad después
de la histerectomía?.
A f in de ir construyendo una salud sexual y reproduct iva que posibilite que
las mujeres ejerzan la libre opción y el pleno control sobre sus cuerpos y su
sexual idad, es importante desentrañar las situaciones vividas por las
mujeres, escuchar sus voces y descubrir sus realidades.
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